Toolkit de diseño narrativo

Está diciendo ¡ábreme ya!

 

Tenía muchas ganas de probar el toolkit de diseño narrativo que han creado mis amigos de Gamisolution. Lo recibí hace unas semanas, de manos del propio Jacobo, uno de los artífices del invento. La excusa era perfecta para comer juntos, comentar algunos de los pormenores del desarrollo de este producto -del que he sido testigo de excepción- y, por supuesto, desempaquetarlo, abrirlo y curiosear.

 

 Caja de lata, buen tamaño y tacto plastificado. ¡Qué gozada!

 

Se trata de una baraja de naipes. La elección del material del envase, en lata, es todo un acierto. El tamaño generoso de las cartas y su tacto satinado lo hace tremendamente agradable. Pero la verdadera magia está en el contenido, en el uso y en la utilidad de este kit. ¿Para qué vale? ¿Cómo se juega? ¿Qué es eso del diseño narrativo?

Siempre he sentido curiosidad por los procesos creativos. He inventado decenas de historias desde que era tan solo un niño y me han interesado mucho las diferentes mecánicas y formas de crear ficción. Descubrí a Gianni Rodari hace más tiempo del que me gustaría reconocer, a finales de los años 90, y me entusiasmó su enfoque sobre la fantasía, el binomio fantástico como semilla generadora de ideas y tramas y sus numerosas variantes. La Gramática de la fantasía de Rodari, además, me descubrió las funciones de Propp y nunca volví a leer un cuento de hadas de la misma forma. Adopté las metodologías del binomio y sus variantes, las de Propp, y la magnífica versión simplificada de Paola Santagostino expuesta en Cómo escribir un cuento e inventarse cientos, muy práctica para jugar a los cuentos con los niños.

Por eso, cuando Jacobo me habló del viaje del héroe muchos años después, supe que aquello era algo que investigar y trabajar en profundidad.

 Las doce etapas del viaje del héroe de Vogler. El 99% de las películas que has visto o de las historias que has leído se adaptan a este esquema o a alguna de sus variantes.

 

El toolkit de diseño narrativo creado por Gamisolution toma como base las doce etapas del viaje del héroe, esa estructura primigenia común a las mitologías y leyendas de casi todas las culturas humanas habdas y por haber, una estructura que funciona y que lo hace tan bien que se ha convertido en una especie de biblia en las factorías de producción de ficción, desde el despacho de un aspirante a best seller hasta Hollywood. La guerra de las galaxias, El rey León, Cars y un sinfín de éxitos comerciales se adaptan con exactitud casi matemática a este esquema.

He fracasado en mis dos últimos intentos de convertir en novela una premisa y sus ramificaciones en las que llevo trabajando desde hace años. Ahora, gracias al estudio que estoy realizando sobre el viaje del héroe, sus conceptos me están ayudando a identificar y solucionar los escollos que evitaban mi avance con la ficción. En realidad, se trata de ideas de lo más sencillas. Cualquiera que se haya enfrentado a la creación de textos, guiones o ficciones en general identificará con rapidez las claves del viaje del héroe y lo entenderá de una manera tan natural que llega a dar la sensación de conocer todo de antemano. En efecto, para mí la aportación del viaje del héroe ha sido más la visión estructurada que la adquisición de nuevos conceptos.

El toolkit de diseño narrativo creado por Jacobo Feijóo y Juan Pablo Fernández en Gamisolution ayuda a aplicar el viaje del héroe a cualquier narrativa. Es válido para relato, novela, guión o teatro, pero también para diseñar una ponencia, un discurso o una presentación de una empresa o un proyecto. Por eso me parece tan buena la elección de unos logotipos neutros para ilustrar los naipes.

 

 Los distintos tipos de naipes, etapas, arquetipos y rasgos, se diferencian por colores

 

Además de las doce etapas que conforman la base del viaje, la baraja completa ofrece otro tipo de cartas muy útiles para jugar a crear narrativas que funcionen. A las doce etapas se les añaden otras diecinueve, tomadas principalmente de las funciones de Propp, que pueden enriquecer enormemente el flujo de sucesos de nuestra trama. El resto de naipes están más dedicados a los personajes, con diecinueve cartas de arquetipos (los ocho básicos de Vogler y once más de las teorías de Jung) y dieciocho dedicadas a rasgos de carácter. 

El conjunto de naipes invita a experimentar. Estoy diseñando mi propio tapete para disponer las cartas. Su utilización me está resultando útil y también muy divertida. Quizá otros escritores puedan utilizar esta baraja para generar ideas o inventar tramas nuevas. Las posibilidades son múltiples, ha pasado ya a formar parte de mi caja de herramientas literarias y se me antoja un regalo excepcional para aquellos que tengáis un amigo o familiar escritor. ¡Ojalá hubiera contado con este material hace años!

 

Fotografías propias, a modo de "unpacking" de mi toolkit de diseño narrativo

 

Propósitos literarios para 2017

 

 

Desde que lancé Diludia en abril de 2014, dedico el último post de diciembre a hacer un breve balance de lo avanzado en el año que termina y a plantear los propósitos literarios para los siguientes doce meses.

Considero que el 2016 ha sido bueno, muy bueno en algún sentido, a pesar de que los objetivos que me planteé hace un año en este mismo blog se han cumplido solo a medias. Los recupero:

 

Publicar al menos 40 artículos en Diludia. Con este suman 31 y me quedo 9 por debajo del objetivo fijado.

Escribir al menos 6 nuevos cuentos. Han sido 11 los cuentos que he completado este año. Ocho totalmente nuevos y tres muy especiales que tenía planteados desde hace años y que han encontrado por fin sus desenlaces. Además, todos ellos cuentan con un “writing-of”, aunque con distinto grado de detalle: para algunos anoté apenas unas indicaciones mientras que a otros dedico varios párrafos de "cómo se hizo". Además de este trabajo, he completado 26 microrrelatos de un proyecto adicional que he llevado adelante entre agosto y diciembre. Objetivo cumplido con creces.

Presentarme al menos a 4 concursos literarios. Cero pelotero, no he participado en ningún concurso a lo largo de 2016.

Publicar un libro de cuentos. Este objetivo ha sido mi principal vector de trabajo en 2016. He avanzado mucho pero el libro aún no ha visto la luz.

Completar el curso “El placer de escribir” hasta la entrega 40. Sigo prácticamente donde lo dejé hace un año.

 

En resumen, he cumplido solo uno de los cinco objetivos, y de los que no he cumplido el grado de avance ha sido dispar. ¿Por qué, entonces, considero que 2016 ha sido un buen año literario?

La razón puede resumirse en una única idea: me he enfocado mucho más a la escritura que al blogging. Así de sencillo.

Me encanta Diludia. Redactar los artículos es muy satisfactorio y, además, me ayuda a pensar de forma ordenada en diferentes aspectos de la literatura. He concretado el enfoque del blog. Nació con un carácter muy generalista y me enfrenté a muchas incertidumbres. ¿Qué contenido tendrá?¿reseñas de libros?¿reflexiones de la experiencia propia de escritura?¿consejos para escritores?¿escaparate para mostrar directamente cómo escribo?¿lugar interactivo para implicar a los lectores en proyectos literarios?¿colecciones de listas o referencias a otros artículos y contenidos interesantes de la red?¿o quizá un blog donde las entradas sean directamente ficción y publicar mis cuentos?¿un lugar donde publicar textos de otros escritores? Diludia ha tenido un poco de todo. Con el tiempo, voy definiendo mis verdaderos intereses y mi voz como blogger. Cada vez más, uso Diludia como un lugar donde definir y explicar mi posicionamiento ante la escritura y, a la vez, una herramienta de exploración del “universo wlogger” con la que fijarme en el trabajo de otros escritores que también utilizan Internet para exponerse. Creo que es muy valioso encontrar la verdadera orientación de un blog y, sin embargo, ha venido a coincidir con una convicción absoluta de que soy escritor de ficción, no articulista de un blog. Por eso he dedicado más tiempo a los cuentos, a escribir ficción, y menos a escribir artículos para Diludia, y es así como debe ser.

El trabajo principal de este año lo he enfocado a la publicación de un libro de cuentos. Desde el lanzamiento de Diludia en 2014 he vivido una enorme contradicción: mantengo un blog de literatura donde digo que soy escritor pero, sin embargo, no dispongo de ninguna obra en el mercado actualmente. Mis seguidores (poquitos, pero algunos hay) estarán hechos un lío con esto, por eso mi prioridad es solucionarlo y hacerlo además con un libro que me defina.

Gracias a un primer borrador parcial (y a alguna intervención mágica) tuve encima de la mesa un compromiso editorial. Y eso es genial, sin duda me ha ayudado a concentrarme en la escritura. He cambiado la manera de abordar la creación. Antes lo hacía con un modelo de onda expansiva, trabajando en distintos frentes a la vez sin grandes preferencias. A lo largo de 2016 he ido evolucionando a modo arquero, concentrando los esfuerzos en un solo proyectil, en una única dirección cada vez y con la diana o el objetivo en mente. 

Explicado esto, es momento de anunciar los propósitos literarios para 2017, que corresponden a las flechas que quiero disparar este nuevo año.

Flecha 1. Lanzar el libro de cuentos. Esta es mi flecha principal. Lo tengo muy avanzado. Ahora estoy concentrado en terminarlo, pero con este objetivo no quiero limitarme a la publicación, sino también a moverlo, mimarlo y disfrutarlo una vez que sea una realidad.

Flecha 2. Los 26 microrrelatos que comenté forman parte de un proyecto común. Mi segundo objetivo para 2017 consiste en darle también forma de libro, y quizás algo más, a este proyecto.

Flecha 3. Lanzar, junto a mi amigo y escritor Alberto García Gómez, “La chistera de Abracadán” una pieza de teatro infantil que escribí hace ya muchos años y que, gracias a Alberto y su experiencia tanto en las tablas como con la pluma, se ha convertido en una verdadera obra más completa, más redonda, perfecta para representar por y para niños.

Flecha 4. Sistematizar las incursiones que estoy haciendo en la escritura de cuentos infantiles. Esto incluye terminar varios cuentos que de momento solo existen en forma oral, refinarlos y estudiar opciones de edición.

Flecha 5. Escribir una obra de ficción interactiva, al estilo de la mítica colección de "Elige tu propia aventura". Desde que me enrolé en Dédalo me han invadido unas ganas tremendas de volver a este tipo de escritura.

Flecha 6. Rotar mi presencia en Internet, actualmente la web de literatura generalista que es Diludia, hacia una web de escritor más específica.

Y ya está. Tengo la suerte de vivir rodeado de un ambiente literario bastante bueno en el que apoyarme que, manteniendo a Verbo Azul como núcleo, continúa ampliándose con gente maravillosa y creativa que también lee, escribe, edita y trabaja por las letras. Espero seguir disfrutando de ellos en 2017 y que cumplamos todos nuestros objetivos.

¡Feliz año nuevo!

 

Imagen tomada de Pixabay bajo licencia CC0 de dominio público

Navidades para leer

 

Hace unos años, quedé con un antiguo compañero de trabajo a tomar un café. Había sido mi jefe en temas de consultoría. Aprendí mucho gracias a él durante el tiempo que compartimos oficina y llevamos bien el estrés y la tensión de las fechas de entrega. Pero aquél día, en la cafetería, todo era relax, hacía tiempo que habíamos tomado caminos profesionales diferentes y nos veíamos con cordialidad y aprecio, con verdadero interés por conocer lo que hacía el otro, buenos deseos y quién sabe si con alguna posibildiad de colaborar en una nueva ocasión. Pero lo que quiero destacar de aquella conversación no es nada relacionado con el trabajo, sino con su complementario, el tiempo libre de ocio. Él continuaba muy ocupado y me comentó algo así como "¿sabes lo que echo de verdad de menos?", yo dije "no" con curiosidad y él concluyó con un "sentarme tranquilamente a leer un libro".

Me maravilló escuchar de otra persona un concepto tan sencillo y potente como que leer es un lujo. No porque sea complicado o porque sea caro, nada de eso, sino porque leer requiere de tiempo. Tiempo de calidad, me atrevería a añadir, ya que concentra la atención y eso es algo que sólo puede dirigirse a un único lugar cada vez. Efectivamente, un trabajo de los llamados de ocho horas en la práctica supone jornadas típicas que se estiran hasta las doce horas o más desde que uno se levanta hasta que vuelve a casa, sumando al trabajo en sí esos otros espacios de tiempo como la comida o el transporte. Si, además, en casa esperan otras tareas, el tiempo de ocio se minimiza, se hace tremendamente escaso. Y lo escaso es muy valioso. Por eso leer se ha convertido en todo un lujo.

Hace unos días, una compañera me ha deseado, para estas fiestas, "Que tengas una feliz Navidad y leas mucho". Me ha traído a la memoria toda esta reflexión sobre el tiempo para la lectura. Recuerdo también la apreciación que hacía Carl Sagan en Cosmos, donde comentaba que, incluso aunque leyéramos muchísimo, una persona a lo largo de su vida solo puede acceder a una fracción ridículamente pequeña de todo lo que hay escrito.

Estas ideas generan angustia, de repente uno puede sentirse desdichado por no poder entregarse al placer de la lectura tanto como desearía, por estar tan limitado. Aunque arañenos minuto a minuto y absorbamos decenas de miles de páginas en el transporte público, en salas de espera o en cualquier ocasión, siempre seremos pobres de tiempo. Por eso, para no volverse loco, quizá lo mejor sea pensar en lo positivo y disfrutar de las lecturas, pocas o muchas, que podamos abordar; disfrutar también de la oferta disponile con variedades tan cómodas como comprar en un clic, tan baratas como tomar prestado un libro de la biblioteca pública o tan encantadoras como acercarse a una librería y dejarse recomendar por el librero. Y, cómo no, aprovechar también la Navidad para sumergirse en alguna ficción.

 

Imagen tomada de Pixabay, bajo licencia CC0 de dominio público

 

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Convertirse en araña

La Luna se cayó del cielo a la Tierra y se convirtió en una araña. En realidad, mi puño cerrado jugaba a ser la Luna, arriba en el cielo de mi brazo estirado. Iván, mi hijo de tres años, quiso que se cayera a la Tierra (la encimera de la mesa) y decidió que en ese momento se convertía en una araña. Iván sabe muy bien que la mano de papá encima de la mesa muchas veces cobra vida propia, utiliza los dedos a modo de patas locomotoras y se desplaza como una araña hasta alcanzar su cuerpecito y atacar inyectando una buena dosis… ¡de cosquillas! Claro, este tipo de arañas-mano no tienen veneno.

¿Cómo se traduce este juego en un cuento?

Los elementos iniciales son dos: la Luna (puño de papá en lo alto) y la araña (mano de papá en la encimera). Pero el niño de tres años nos ha dado también la clave del conflicto que mueve el cuento: la Luna se cae a la Tierra y se convierte en araña.

El caldo de cultivo ya está preparado y servido. Ahora el escritor debe lanzar unas cuantas cargas eléctricas de ficción para que el cuento cobre vida. En este contexto, lanzar cargas eléctricas equivale a lanzar preguntas y aplicar la lógica de los cuentos infantiles.

¿Por qué se ha caído la Luna? ¿Por qué se convierte en araña (en vez de en cualquier otra cosa)? El problema es evidente: la Luna se ha caído y querrá volver a su “casa”, al cielo, para llegar al final feliz que la lógica de los cuentos infantiles impone. Tener un problema planteado es tener medio cuento, la otra mitad consiste en idear la solución. En este caso, la solución supone responder a la pregunta: ¿cómo se las arregla la Luna para, siendo araña, volver al cielo?

Respondamos a las preguntas para elaborar el cuento paso a paso.

¿Por qué se ha caído la Luna? Porque un cohete pasó muy cerca y la desequilibró. La respuesta no es arbitraria. La mano de papá con la palma abierta, con los dedos estirados y juntos y apoyada en vertical sobre la muñeca, ha sido habitualmente un cohete en su plataforma de despegue en los juegos con Iván. Los cohetes son un elemento común en los juegos de fantasía entre ambos, y resulta de lo más natural incorporar uno.

¿Por que, al caer, se convierte en araña en lugar de en cualquier otra cosa? La respuesta real la tenemos -porque la mano de papá en la encimera suele ser una araña-, pero necesitamos una respuesta en la ficción del cuento. Aquí se produjo una variación importante: sustituimos la Luna por una estrella. Y esa estrella era especial por dos razones. La primera, que le gustaba mucho asomarse a la Tierra para ver los despegues de los cohetes y, la segunda, que en lugar de cinco puntas, tenía ocho. Con estos elementos incorporados se explica perfectamente que el cohete pase muy cerca de esta estrella (se asoma tanto para ver los cohetes que corre peligro de que le atropelle uno) y tiene toda la lógica del mundo que se convierta en araña: tiene ocho puntas, como la araña tiene ocho patas.

La estrella se desequilibra cuando pasa muy cerca un cohete, cae a la Tierra y se convierte en araña. Como araña, puede vivir en el sótano de una casa, o en el desván, o en un bosque, pero nuestra protagonista no quiere nada de eso porque en realidad no es una araña, sino una estrella, y lo que anhela es volver al cielo y recuperar su forma original de estrella.

¿Cómo se las arregla para volver? Aplicando sus habilidades y destrezas. Básicamente son dos. Como amante de los cohetes, sabe cómo funcionan y dónde encontrarlos. Como araña, dispone de hilo de seda. La ecuación ficcional encaja como el mecanismo de un reloj en este punto. Efectivamente, la estrella convertida en araña emprende un largo camino hasta llegar a la estación de despegue de los cohetes. Se acerca al cohete que está colocado en la plataforma en ese momento. Aprovecha su hilo de seda para enrollarse al fuselaje. Por fin, cuando el cohete despega, la araña también se eleva hacia el cielo, volando colgada del hilo de seda que la sujeta al cohete. Vuelan cada vez más alto y, cuando llega a la altura deseada, se suelta. La araña queda flotando en el espacio y, por la misma magia que se convirtió en araña de ocho patas, se convierte ahora de nuevo en estrella de ocho puntas. Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.

 

 

El cuento ya está vivo. Se lo he contado varias veces a Iván y lo hemos ido depurando. Tengo una primera versión redactada. Pero lo más importante es que el cuento existe ya realmente en la imaginación de un niño (y, quizá después de este artículo, en la de algún otro). Hay que destacar que este cuento, al haber sido creado a partir del juego cotidiano, tiene algunas características muy interesantes:

Puede interpretarse con las manos. La estrella de ocho puntas es una mano de papá alzada. El cohete es la otra mano (palma estirada, dedos juntos y en vertical) que despega desde la mesa hasta alcanzar la mano que hace de estrella. En ese momento, la mano estrella se tambalea y cae a la encimera. Una vez en la encimera, los dedos se disponen como patas para ser una araña. La araña busca un cohete preparado para despegar (de nuevo la otra mano) y finalmente el tándem cohete-araña ascendiendo al cielo en la escena final son las dos manos subiendo a la vez, una debajo de otra. No hace falta libro, ni tablet ni nungún elemento adicional, solo estar cerca del niño.

El niño participa. La estructura es lógica y simple. Los conceptos de “caerse” y “transformarse” los aportó el propio Iván y están, entiendo, al alcance de cualquier niño de una edad parecida. Igual que los conceptos “estrella”, “araña” y “cohete”.

Respeta el esquema básico de los cuentos infantiles.
Que no es otro que el binomio problema-solución, salpimentado con algunos mecanismos adicionales. Por ejemplo, el problema surge de una negligencia del protagonista, y la solución se consigue gracias a que este protagonista pone en juego sus habilidades. Por supuesto, el final es feliz.

Acepta elementos intermedios. El cuento permite incorporar aventuras en el camino de la araña. Por ejemplo, introducir la canción de Witzy Witzy Araña, o hacer a la protagonista recorrer varios ecenarios que la araña va descartando como lugar para vivir (desván, sótano, bosque o cualquier otro que se quiera).

Puede utilizarse para aprender a contar. Ocho puntas, ocho patas. Si se prefiere, se puede simplificar a estrella de cinco puntas que se convierte en araña de cinco patas, y cinco son también los dedos de la mano: tenemos muchas ocasiones para contar hasta cinco. Hay dos cohetes que despegan, que son dos ocasiones estupendas para contar, una cuenta atrás si el niño es más mayor, o alternativamente el cohete puede despegar “a las tres” (una, dos, ¡y tres!)

Y, sobre todo, es un ejemplo de cómo crear un cuento a partir de lo cotidiano, algo muy útil para padres, escritores y para padres escritores.

¡Disfrutadlo!

 

Imágenes tomadas de Pixabay bajo licencia CC0 de dominio público

Diluditeca: "Lo que nunca haría una amazona"

La amazona Atalanta está a punto de ser enterrada viva por sus propias compañeras. ¿Qué ha sucedido para que se sientan traicionadas hasta tal punto? ¿Qué misión le encomendaron que ella se niega ahora a cumplir? "Lo que nunca haría una amazona" cuenta su fabulosa aventura con la expedición de los Argonautas para conseguir el Vellocino de Oro, símbolo de la búsqueda del poder y de la felicidad. Un viaje que, tras obligarla a superar toda clase de peligros, bestias, hechizos y traiciones, tras hacerla vivir la incomprensión y la lealtad, el deseo y la repulsión, el dolor y el amor, la cambiará para siempre. Y a sus compañeros, también.

 

Estos son el booktrailer, la sinopsis y la portada oficiales de la última novela de Loren Fernández. De nuevo, y al igual que en El hijo del héroe, recupera un mito de nuestra Historia antigua para convertirlo en una obra literaria. Y de nuevo consigue crear un relato maravilloso, perfectamente construido y lleno de aventuras.

Una de mis lecturas favoritas de niño fue un libro con numerosas ilustraciones y de gran formato que cogí prestado de la biblioteca del colegio. Monstruos, dioses y hombres de la mitología griega, de Michael Gibson, publicado por Anaya en los años ochenta. Si no recuerdo mal, lo cogí para hacer un ejercicio de clase sobre los doce trabajos de Heracles (aprendí que, quien yo conocía hasta entonces como Hércules, en griego se llamaba Heracles). Pero el libro me obsesionó más allá del trabajo que nos había pedido el profesor, no me limité a la leyenda de Heracles, sino que devoré aquel libro de arriba a abajo y me demoré sin prisa en cada ilustración. Lo disfruté muchísimo, aunque después no le dí gran continuidad con otras lecturas y tengo que confesar que, a día de hoy, no soy ni mucho menos un buen conocedor de la mitología griega. Por eso no me siento capaz de juzgar Lo que nunca haría una amazona desde un punto de vista especialista y no podría identificar qué escenas de la novela son fieles a las distintas versiones del mito y cuáles son creación propia de la autora. Pero, como ficción, tengo que decir que es impecable. Sea cual sea el malabarismo que ha efectuado Loren Fernández con la leyenda original de los Argonautas, lo que ha conseguido es una novela fluida, sin costuras, donde la trama y el conflicto se desarrollan de forma excelente, atrapan al lector y nunca cojean ni defraudan.  Es una novela moderna, que cumple las expectativas de un lector actual deseoso de verbos, de acción, de aventura y de grandes momentos.

No debe de ser nada sencillo tomar un personaje como Atalanta y hacerlo crecer. La Atalanta que ha llegado a nuestros días es, me temo, más bien un arquetipo. Loren la convierte en un personaje literario completo y complejo, nos la acerca y, con ella, al resto de Argonautas y todos los elementos de aquella época antigua. Y, os lo aseguro, resulta tremendamente agradable sumergirse en este mundo que conocemos desde pequeños por la mitología y los libros de Historia como si se tratara de un universo de ficción de fantasía como la Tierra Media o los Siete Reinos.

Jasón y los Argonautas, el vellocino de oro, el viaje del Argo, esa travesía hasta el Mar Negro que, por aquel entonces, era tierra recóndita… son elementos mágicos por sí mismos que en esta novela se muestran y ordenan de una forma excelente y al servicio de la ficción para dar lugar a una novela absolutamente recomendable.

Si te animas a emprender esta aventura junto a Atalanta, puedes comenzar por visitar la web del libro. A mí el viaje me encantó.

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