Julio 2014

La niña de cabellos dorados

 

La niña de cabellos dorados miraba hacia el mar desde la orilla. Llevaba un bañador blanco y su piel estaba ligeramente tostada. La madre la observaba  sentada desde la toalla y en ese momento pensó que lo había conseguido; que había triunfado en la vida. Mucho más de lo que esperaba cuando era más joven.

Editora jefe en un prestigioso periódico, propietaria  de un dúplex precioso que era la envidia de sus amigos, mujer de un hombre que siempre estaba de excelente humor y que disponía de una red de contactos y amigos selecta. Pero lo mejor sin duda , era que la vida le había otorgado la suerte de ser la madre de aquel tesoro que a pocos metros correteaba  y bailaba  las olas en la orilla.

Durante el embarazo tenía pesadillas. Soñaba con fetos malformados y monstruosos y por el día le quedaba siempre una sensación de incertidumbre y mal presagio.  Fue una mala época de lloros reprimidos en el baño de la redacción, sonrisas fingidas, y muchas ojeras y tensión. Pero cuando Silvia nació,  todo mejoró. Poco a poco el bebé dio muestras de dulzura y belleza. Era como un melocotón maduro, siempre dulce. La curvatura de sus grandes ojos azules, la sonrisa pícara y su prematura inteligencia atraían y maravillaban a propios y extraños. Allá donde estuviera, había besos, caricias y abrazos para ella.

Ya tenía cinco años y en el colegio era una niña querida por sus compañeros y profesores. La verdad es que con Silvia, la tarea de ser madre era algo muy fácil. No tenía nada que ver con las historias terroríficas que a veces le contaban sus amigas y las otras madres del colegio.

Silvia era obediente y muy raras veces se desvelaba por las noches aunque últimamente sí que  había tenido algún terror nocturno. Serían los nervios de final de curso unido al cambio de residencia por vacaciones.

La espada mellada de Edimburgo

Ha pasado ya mucho tiempo desde la primera vez que fui a Edimburgo y aún recuerdo la espada mellada. Durante mi estancia erasmus en Reino Unido, allá por los años 2004 y 2005, uno de los primeros viajes que realizamos fue precisamente a la capital escocesa. La excursión incluía una visita al castillo. Entonces ignoraba completamente que el Museo Nacional de la Guerra de Escocia se encontraba precisamente allí, así que me topé de lleno e inesperadamente con una estupenda colección de armas y objetos bélicos. La primera espada en la que me fijé atrajo enormemente mi atención. No por su tamaño, ni por su antigüedad, ni por su refinamiento. Hasta entonces, sólo había visto espadas de adorno o en películas, con hojas perfectamente lisas, esbeltas y brillantes. Ahora, por primera vez, me enfrentaba de cerca a una espada vieja, usada.

Mellada.

Writing-of

En el mundo del cine son habituales los making-of, documentales que muestran lo que ocurre tras las cámaras y describen cómo se hizo una determinada película. El concepto aplica también a las series de televisión. Sin embargo, no es algo que se use en absoluto para literatura. ¿Por qué no iba a tener una novela su propio documental acerca de cómo se hizo? Propongo en este post acuñar y popularizar el concepto de writing-of para novelas, análogo al making-of de las películas.

En 2001 publiqué mi primera obra con la asociación literaria Verbo Azul, en la colección llamada "Cuadernillos de Alcorcón". Se trataba de un relato corto, "Linda Pituitaria", que contenía, además del cuento en sí mismo, una sección adicional que llamé "desnudando a Linda". En esta sección expliqué, con todo detalle, el proceso de creación del cuento. Aquel cuadernillo me valió un premio a la creatividad y, sobre todo, la satisfacción de haber publicado algo original, de haber creado de manera absolutamente consciente una obra que incluía un relato y su correspondiente cómo se hizo.

"Desnudando a Linda" era un texto incluso más largo que el propio cuento de "Linda Pituitaria": alrededor de mil cuatrocientas palabras de documental frente a unas mil de cuento principal. Pero no me importó en absoluto este desequilibrio porque estaba convencido de que el anexo innovador era verdaderamente interesante para el lector. La sección "Desnudando a Linda" comenzaba así:

El cuaderno de notas

No creo en la inspiración. No como algo que llega o se encuentra sin más. Pero sí creo en las ideas súbitas y en la conveniencia de capturarlas al momento. Yo utilizo un cuaderno de notas que llevo siempre encima, como una de las piezas estrella de mi “caja de herramientas literarias”.

Para mí, escribir tiene que ver mucho más con trabajo, constancia, acumulación de experiencia y método que con inspiración. No concibo la inspiración según el concepto clásico de recibir un aliento divino y experimentar un éxtasis que permite crear obras artísticas sublimes. De hecho pienso que un escritor es una persona capaz de escribir sin necesidad de estar inspirado, y lo realmente importante es tener habilidades como una redacción correcta, un vocabulario amplio, o conocimiento y dominio de un buen número de técnicas literarias. Incluso la propia generación de ideas es algo que puede sistematizarse y para lo que se pueden aplicar muy diversos métodos. Dicho esto, sí creo en la aparición espontánea de ideas en cualquier momento y lugar.

Sí creo en esas relaciones o sinapsis que nos hacen ver algo nuevo, instantes en los que concebimos el embrión de una trama, o vemos una metáfora maravillosa, damos con el toque que le falta a un personaje que estamos perfilando, o imaginamos un final redondo para un texto que tenemos inconcluso en la cabeza. El desarrollo de la idea es algo que podemos aplazar y retomar más tarde, pero es imprescindible apuntarla en el momento, antes de que se olvide y se escurra entre nuestras neuronas sin dejar rastro.