Enero 2015

Ratas

 

Imaginemos. Imaginemos un mundo Exterior, donde habitan los humanos, y un mundo Subterráneo, hogar de las ratas. Hay ratas grandes y ratas pequeñas, ratas gordas y ratas flacas, ratas listas y ratas tontas. Esta es la historia de Príncipe de las Ratas, un villano que quería reinar en Subterráneo, para pasar luego a la gran ofensiva: conquistar la tierra de los hombres que vivían en Exterior.

El Príncipe estaba aburrido. Hacía un par de noches que había salido a cazar cucarachas para aumentar sus rebaños. Era importante mantener las manadas bien surtidas, porque en época de lluvias, cuando no podían hacer incursiones a Exterior, los insectos constituían una fuente nutritiva muy importante. Y de paso, además de alimentarse, conseguían mantener el exceso de sabandijas a raya. Ninguna rata estaría muy contenta si los humanos bajaban a exterminar bichos, porque no discriminaban entre éstos y los roedores. Tamborileaba con la cola en el sillón que le habían construido con una fiambrera de plástico desechada, mientras pensaba en el maravilloso Exterior y sus posibilidades. Se abrió una rendija en la tela que cubría la entrada a sus aposentos, y escuchó un carraspeo educado.

—Mi Príncipe, tengo un mensaje para vos—. Una rata gordezuela, con un gorro extraño hecho con el dedo de un guante de goma, se retorcía las patitas con inquietud, mientras enroscaba el rabo detrás del cuerpo.

—Vaya, Rata Chamán, ya iba siendo hora que vinieras a traerme noticias de mi encargo. ¿Qué respuesta ha dado Gran Rata Madre?

—Pues…ehm….resulta que la respuesta es…que no hay respuesta. —Un pesado silencio cayó sobre la habitación. Rata Chamán se asustaba más a cada momento que pasaba sin una palabra de su Príncipe. Este se levantó sin levantar los ojos del suelo, y empezó a pasear por el recinto de un lado a otro. El único indicio de la furia que lo consumía eran los movimientos espasmódicos de sus bigotes, que no auguraban nada bueno.

Enlaces

 

Cuando escribí el post de propósitos para 2015, eché la vista atrás para ver qué habían supuesto los primeros meses de vida de Diludia. Una de las cosas que destaqué es que, desde que puse en marcha este proyecto, he visitado cientos de webs. Algunas ya las conocía y he vuelto a ellas con más asiduidad, otras las he descubierto por completo. Paso habitualmente por sitios web muy diversos: blogs personales, foros, redes sociales y portales de organizaciones dedicadas a literatura como asociaciones, editoriales, etc.

La navegación literaria por la web es siempre entretenida y muchas veces uno encuentra información verdaderamente útil o lugares inspiradores. Se puede encontrar prácticamente de todo, lugares donde leer o escribir, donde debatir encontrar libros o comentarlos, blogs de escritores, artículos de tecnología relacionada con la literatura, canales de Youtube especializados, redes sociales donde conectar con otros escritores y sitios donde encontrar todo tipo de información sobre concursos, servicios editoriales y actividades literarias. Incluso hay webs que generan mapas de mundos y nombres aleatorios para tus personajes. Es tanta la oferta y tan atractiva que, sentados delante del ordenador, debemos tener muy claro si vamos a dedicar un tiempo a escribir o a navegar. Probablemente, si nos planificamos, acabemos navegando más tiempo del debido y sin ninguna palabra nueva en nuestros proyectos. Por es importante hacer que el tiempo dedicado a la navegación sea eficaz. Es cierto que buscar en Internet y descubrir cosas nuevas es fascinante, pero conviene también tener una lista corta de webs de referencia para cuando necesitamos más concreción.

Portales conectados al mundo cotidiano

Los portales son ampliamente utilizados en fantasía y ciencia ficción. Permiten los viajes entre distintos lugares, tiempos, mundos o dimensiones. Suelen basar su funcionamiento en elementos científicos y tecnológicos, como los agujeros de gusano, o en distintas formas de magia, como los trasladores de Harry Potter. Algunos de estos portales son muy célebres, como el DeLorean de la saga de películas “Regreso al Futuro”.

Para mí, hay sin duda dos portales de ficción que me evocan los mejores recuerdos, uno científico y otro de fantasía.

El primero se trata nada más y nada menos que del Hipoláser. Según palabras del profesor Karl Zinka, su inventor, se trata de “un dispositivo capaz de concentrar fotones o cuantos de luz en un punto geométrico” y que podría “abrir un agujero en la piel que nos separa de otro universo” y penetrar en el Hiperespacio. Esta genialidad aparece en “Odisea en el Hiperespacio” de Edward Packard, el número 22 de la colección “Elige tu propia aventura” en su edición española. Es un libro tremendamente acertado. En primer lugar, la hiperficción explorativa sienta como un guante a la temática científica y de investigación. Elegir un camino u otro de alguna manera está relacionado con hacer ciertos descubrimientos, hallar respuestas a las preguntas más complejas que se plantean los físicos. Además, “Odisea en el Hiperespacio” tiene elementos muy originales, como la existencia de un libro dentro del propio libro o la posibilidad de encontrarte con el autor, el mismísimo Edward Packard.

Disfrutando de La Hoja Azul en Blanco

Estoy disfrutando del número 19 de La Hoja Azul en Blanco, la revista literaria de Verbo Azul.

En realidad, es una publicación que siempre disfruto de varias maneras. Una es el directo. El pasado jueves 15 de enero asistí a la presentación de la revista que organizamos en el Centro Cívico Viñagrande de Alcorcón. Literatura en vivo. Es todo un lujo oír la poesía y la prosa impresa en la revista en las voces de los propios compañeros y colaboradores de Verbo Azul. La revista es mucho más que papel, es carne y hueso, es palabra en toda su extensión. Hace ya tiempo que los recitales de Verbo Azul son, además de literatura orientada al lector, un estupendo directo orientado al público, con un formato muy adecuado en el número y duración de las lecturas, intercaladas con magia de guitarra y de canciones. Sí, me encantó la presentación de La Hoja Azul de la semana pasada. Aún guardo inercia de algunas sensaciones: piel de gallina en una de las canciones que interpretó Ana Bella, emoción al recordar a Consuelo, la que fue mi profesora de literatura tantos años, o la paz como de hogar al escuchar recitar a las voces de los compañeros que llevo tantos años oyendo.