Febrero 2015

En la semipenumbra

(a l’avia)

Te miré una vez más; supongo que por costumbre, aunque esta vez algo me hizo prestar atención. Estabas… ¿dónde? Yo permanecía a tu lado, sentado en aquel sillón de piel de color verde oscuro; no sé si era su color original o si el uso le había dado ese tono de viejo, de deslucido. Casi se podía decir que de sucio, aunque cada mañana trataran cuidadosamente de sacarle brillo para dejarlo lo más lustroso posible. Había reclinado levemente el respaldo para aliviar en alguna medida la carga de mi dolorido cuello, pero aun así no era la postura más cómoda para sumergirse en la lectura de un entrañable libro que, a pesar de los años, conservaba su lozanía; aunque, a decir verdad, solo en su contenido, pues las tapas habían perdido el brillo y el color de otro tiempo y ahora no tenían sino un ligero parecido con lo que en su día fueron.

La luz indirecta y la semipenumbra de la estancia me empujaban hacia un mágico mundo de desdibujados objetos que se disfrazaban de fantasmagóricas figuras en medio de un escenario de sombras inmóviles que, sin embargo, a mí se me antojaban tránsfugas.

Iniciación al haiku

Uno de mis propósitos literarios para 2015 es, tal cual,  “iniciación al haiku”. Y como creo que a escribir se aprende escribiendo más que leyendo sobre cómo escribir, me lancé a lo "learning by doing" a crear haikus desde el propio uno de enero. Leí en paralelo algunas generalidades en Wikipedia y en la web “El Rincón del Haiku”.

Un poquito más tarde, el 3 de febrero, compré “Aware”, con el subtítulo “Iniciación al haiku japonés”, del experto español Vicente Haya. La verdad es que de momento no he leído más que una parte de esta guía, pero cuanto más avanzo en su lectura más contento estoy. Contento es una forma de expresarlo: en realidad me está haciendo pasar toda una crisis. Mi visión del haiku hasta hace poco era muy simplista y enfocada casi exclusivamente en los aspectos formales, en esas 17 sílabas ordenadas en 5-7-5 que tanto juego me parece que ofrece. Pero no, un haiku no es a la poesía lo que un bonsái a un árbol. No es poesía breve, en pequeñito, micropoemas ni nada de eso. De hecho no estoy seguro de que el haiku sea literatura, por mucho que use la palabra como medio de transmisión de sensaciones. En general, estoy aprendiendo mucho con la lectura pausada de “Aware”, pero también estoy siendo testigo de cómo se desmorona mi concepto original de haiku.

El concierto de Grimore

No suelo presentarme a muchos concursos literarios. Uno al año si acaso. Pero cuando, a través de escritores.org, tuve noticia del II certamen de relatos e ilustración “Fuenlabrada Fantástica” para textos de temática lovecraftiana y ambientados en Fuenlabrada, no me pude resistir.

Pasé una o dos semanas trabajando en el cuento. Lo concebí relativamente rápido. Conozco Fuenlabrada, en mi época de universitario salía a menudo por esta ciudad en fin de semana, y he pasado muy buenos ratos con los amigos allí. La sala de conciertos El Grito es uno de los escenarios que más he visitado. Sí, sin duda ambientaría ahí mi relato, haciendo un pequeño homenaje de paso a esos años en los que era tan habitual ir a un concierto el fin de semana.