Diciembre 2016

Convertirse en araña

La Luna se cayó del cielo a la Tierra y se convirtió en una araña. En realidad, mi puño cerrado jugaba a ser la Luna, arriba en el cielo de mi brazo estirado. Iván, mi hijo de tres años, quiso que se cayera a la Tierra (la encimera de la mesa) y decidió que en ese momento se convertía en una araña. Iván sabe muy bien que la mano de papá encima de la mesa muchas veces cobra vida propia, utiliza los dedos a modo de patas locomotoras y se desplaza como una araña hasta alcanzar su cuerpecito y atacar inyectando una buena dosis… ¡de cosquillas! Claro, este tipo de arañas-mano no tienen veneno.

¿Cómo se traduce este juego en un cuento?

Los elementos iniciales son dos: la Luna (puño de papá en lo alto) y la araña (mano de papá en la encimera). Pero el niño de tres años nos ha dado también la clave del conflicto que mueve el cuento: la Luna se cae a la Tierra y se convierte en araña.

El caldo de cultivo ya está preparado y servido. Ahora el escritor debe lanzar unas cuantas cargas eléctricas de ficción para que el cuento cobre vida. En este contexto, lanzar cargas eléctricas equivale a lanzar preguntas y aplicar la lógica de los cuentos infantiles.

Navidades para leer

 

Hace unos años, quedé con un antiguo compañero de trabajo a tomar un café. Había sido mi jefe en temas de consultoría. Aprendí mucho gracias a él durante el tiempo que compartimos oficina y llevamos bien el estrés y la tensión de las fechas de entrega. Pero aquél día, en la cafetería, todo era relax, hacía tiempo que habíamos tomado caminos profesionales diferentes y nos veíamos con cordialidad y aprecio, con verdadero interés por conocer lo que hacía el otro, buenos deseos y quién sabe si con alguna posibildiad de colaborar en una nueva ocasión. Pero lo que quiero destacar de aquella conversación no es nada relacionado con el trabajo, sino con su complementario, el tiempo libre de ocio. Él continuaba muy ocupado y me comentó algo así como "¿sabes lo que echo de verdad de menos?", yo dije "no" con curiosidad y él concluyó con un "sentarme tranquilamente a leer un libro".

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Propósitos literarios para 2017

 

 

Desde que lancé Diludia en abril de 2014, dedico el último post de diciembre a hacer un breve balance de lo avanzado en el año que termina y a plantear los propósitos literarios para los siguientes doce meses.

Considero que el 2016 ha sido bueno, muy bueno en algún sentido, a pesar de que los objetivos que me planteé hace un año en este mismo blog se han cumplido solo a medias. Los recupero:

 

Publicar al menos 40 artículos en Diludia. Con este suman 31 y me quedo 9 por debajo del objetivo fijado.

Escribir al menos 6 nuevos cuentos. Han sido 11 los cuentos que he completado este año. Ocho totalmente nuevos y tres muy especiales que tenía planteados desde hace años y que han encontrado por fin sus desenlaces. Además, todos ellos cuentan con un “writing-of”, aunque con distinto grado de detalle: para algunos anoté apenas unas indicaciones mientras que a otros dedico varios párrafos de "cómo se hizo". Además de este trabajo, he completado 26 microrrelatos de un proyecto adicional que he llevado adelante entre agosto y diciembre. Objetivo cumplido con creces.

Presentarme al menos a 4 concursos literarios. Cero pelotero, no he participado en ningún concurso a lo largo de 2016.

Publicar un libro de cuentos. Este objetivo ha sido mi principal vector de trabajo en 2016. He avanzado mucho pero el libro aún no ha visto la luz.