¡Diludia cumple 3 años!

 

Un nuevo día del libro, 23 de abril, y un nuevo cumpleaños para este blog, el tercero ya.

Diludia ha adelgazado, la alimento con menos artículos y tiene pocas visitas. Su contenido es muy seleccionado, La margen incierta o Lo que nunca haría una amazona son libros independientes, al margen de los circuitos principales, que se reseñan aquí. Quizá este enfoque sea común al resto de artículos. No, no soy un blogger en el sentido de que no miro las estadísticas de visitas, no mantengo una regularidad en la publicación, ni siquiera intento atraer lectores buscando temas bien escogidos para mis artículos. No. Diludia se ha convertido en una aventura más interior que exterior, por mucho que esté publicado y disponible para medio mundo, una búsqueda lenta que, cuando termine y encuentre qué quiere ser realmente Diludia, traerá los cambios necesarios.

Toolkit de diseño narrativo

Está diciendo ¡ábreme ya!

 

Tenía muchas ganas de probar el toolkit de diseño narrativo que han creado mis amigos de Gamisolution. Lo recibí hace unas semanas, de manos del propio Jacobo, uno de los artífices del invento. La excusa era perfecta para comer juntos, comentar algunos de los pormenores del desarrollo de este producto -del que he sido testigo de excepción- y, por supuesto, desempaquetarlo, abrirlo y curiosear.

 

 Caja de lata, buen tamaño y tacto plastificado. ¡Qué gozada!

 

Se trata de una baraja de naipes. La elección del material del envase, en lata, es todo un acierto. El tamaño generoso de las cartas y su tacto satinado lo hace tremendamente agradable. Pero la verdadera magia está en el contenido, en el uso y en la utilidad de este kit. ¿Para qué vale? ¿Cómo se juega? ¿Qué es eso del diseño narrativo?

Propósitos literarios para 2017

 

 

Desde que lancé Diludia en abril de 2014, dedico el último post de diciembre a hacer un breve balance de lo avanzado en el año que termina y a plantear los propósitos literarios para los siguientes doce meses.

Considero que el 2016 ha sido bueno, muy bueno en algún sentido, a pesar de que los objetivos que me planteé hace un año en este mismo blog se han cumplido solo a medias. Los recupero:

 

Publicar al menos 40 artículos en Diludia. Con este suman 31 y me quedo 9 por debajo del objetivo fijado.

Escribir al menos 6 nuevos cuentos. Han sido 11 los cuentos que he completado este año. Ocho totalmente nuevos y tres muy especiales que tenía planteados desde hace años y que han encontrado por fin sus desenlaces. Además, todos ellos cuentan con un “writing-of”, aunque con distinto grado de detalle: para algunos anoté apenas unas indicaciones mientras que a otros dedico varios párrafos de "cómo se hizo". Además de este trabajo, he completado 26 microrrelatos de un proyecto adicional que he llevado adelante entre agosto y diciembre. Objetivo cumplido con creces.

Presentarme al menos a 4 concursos literarios. Cero pelotero, no he participado en ningún concurso a lo largo de 2016.

Publicar un libro de cuentos. Este objetivo ha sido mi principal vector de trabajo en 2016. He avanzado mucho pero el libro aún no ha visto la luz.

Navidades para leer

 

Hace unos años, quedé con un antiguo compañero de trabajo a tomar un café. Había sido mi jefe en temas de consultoría. Aprendí mucho gracias a él durante el tiempo que compartimos oficina y llevamos bien el estrés y la tensión de las fechas de entrega. Pero aquél día, en la cafetería, todo era relax, hacía tiempo que habíamos tomado caminos profesionales diferentes y nos veíamos con cordialidad y aprecio, con verdadero interés por conocer lo que hacía el otro, buenos deseos y quién sabe si con alguna posibildiad de colaborar en una nueva ocasión. Pero lo que quiero destacar de aquella conversación no es nada relacionado con el trabajo, sino con su complementario, el tiempo libre de ocio. Él continuaba muy ocupado y me comentó algo así como "¿sabes lo que echo de verdad de menos?", yo dije "no" con curiosidad y él concluyó con un "sentarme tranquilamente a leer un libro".

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Convertirse en araña

La Luna se cayó del cielo a la Tierra y se convirtió en una araña. En realidad, mi puño cerrado jugaba a ser la Luna, arriba en el cielo de mi brazo estirado. Iván, mi hijo de tres años, quiso que se cayera a la Tierra (la encimera de la mesa) y decidió que en ese momento se convertía en una araña. Iván sabe muy bien que la mano de papá encima de la mesa muchas veces cobra vida propia, utiliza los dedos a modo de patas locomotoras y se desplaza como una araña hasta alcanzar su cuerpecito y atacar inyectando una buena dosis… ¡de cosquillas! Claro, este tipo de arañas-mano no tienen veneno.

¿Cómo se traduce este juego en un cuento?

Los elementos iniciales son dos: la Luna (puño de papá en lo alto) y la araña (mano de papá en la encimera). Pero el niño de tres años nos ha dado también la clave del conflicto que mueve el cuento: la Luna se cae a la Tierra y se convierte en araña.

El caldo de cultivo ya está preparado y servido. Ahora el escritor debe lanzar unas cuantas cargas eléctricas de ficción para que el cuento cobre vida. En este contexto, lanzar cargas eléctricas equivale a lanzar preguntas y aplicar la lógica de los cuentos infantiles.

Diluditeca: "Lo que nunca haría una amazona"

La amazona Atalanta está a punto de ser enterrada viva por sus propias compañeras. ¿Qué ha sucedido para que se sientan traicionadas hasta tal punto? ¿Qué misión le encomendaron que ella se niega ahora a cumplir? "Lo que nunca haría una amazona" cuenta su fabulosa aventura con la expedición de los Argonautas para conseguir el Vellocino de Oro, símbolo de la búsqueda del poder y de la felicidad. Un viaje que, tras obligarla a superar toda clase de peligros, bestias, hechizos y traiciones, tras hacerla vivir la incomprensión y la lealtad, el deseo y la repulsión, el dolor y el amor, la cambiará para siempre. Y a sus compañeros, también.

 

Estos son el booktrailer, la sinopsis y la portada oficiales de la última novela de Loren Fernández. De nuevo, y al igual que en El hijo del héroe, recupera un mito de nuestra Historia antigua para convertirlo en una obra literaria. Y de nuevo consigue crear un relato maravilloso, perfectamente construido y lleno de aventuras.

Hermanos de sangre

 

 

Hermanos de sangre

Fernando Lafuente

 

         De Óscar sólo me queda el recuerdo de su fulgurante mirada y la afectada cadencia de su caminar cuando se alejó por última vez. Nada más que eso.

         Aquella noche pudo ser diferente, sin duda; pero pasó lo que pasó... y fue culpa mía. No fui capaz de resistir; o tal vez, en el fondo, no quise. No lo sé. En su pugna con el tiempo, de las brumosas escenas del pasado únicamente han perdurado aquellos pasos, un par de fotografías y un pequeño dolor en el pecho; ése que me oprime cada vez que un ligero temblor en el cielo trae hasta mi casa la primera lluvia de abril.

         Apenas acierto a rememorar nuestros juegos de la infancia: la pelota rodando por el lecho verde y mullido del parque, con nosotros siempre detrás; los compañeros afanándose por ganarnos a las canicas cuando hacíamos pareja, en el colegio... No existía el mañana, y el futuro era tan sólo una compleja y distante abstracción.  No tenía sentido para ambos otra cosa que no fuera el jubiloso presente y su pleno disfrute. El ayer nos parecía igualmente extraño y difuso: indolentemente, nos dejábamos seducir por la certeza del «para siempre».

El futuro próximo

El futuro es el marco temporal por excelencia de la ciencia ficción. No el único, desde luego, pero quizá sí el que más grados de libertad ofrece y donde mejor podemos dejar vía libre a la especulación.

El futuro, lejos de ser un concepto acotado, es tremendamente amplio y todo cabe. Si queremos incluir en nuestro pacto ficcional adelantos verdaderamente asombrosos como la colonización espacial, la terraformación o los viajes interestelares es muy probable que necesitemos ubicar la acción en un futuro muy lejano.

Pero hoy quiero fijarme en el futuro próximo, en el muy próximo. Ese en el que el mundo no ha cambiado mucho y en nuestro día a día no hay naves espaciales ni rayos láser, sino solamente un pequeño matiz de modernidad que va más allá de nuestra realidad actual.

En los últimos meses, he escrito algunos cuentos en esta línea. Por ejemplo, la historia de una persona que llega del trabajo y se pone a hablar con su casa, en la que tiene instalado un sistema de domótica inteligente capaz de entender y procesar el lenguaje natural; o un cuento en el que un chico bebe de un vaso que le informa con un display integrado en el propio vidrio de la cantidad de líquido que contiene, su temperatura y otros parámetros. Son cuentos que surgen con relativa sencillez (la idea, no tanto el texto definitivo). No hay más que leer cualquier noticia tecnológica y jugar a darle una vuelta adicional.

Juguemos, entonces.

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