Hipótesis literaria: la capacidad de asimilación de personajes

En Caperucita Roja encontramos tan sólo 5 personajes: el lobo, la abuelita, la madre, el cazador y la propia Caperucita. La saga de Harry Potter, sin embargo, cuenta con más de 600, algunos de ellos definidos con extrema profundidad. Con estas magnitudes, la complejidad es un factor a tener en cuenta. ¿Cómo se enfrenta un lector a un mundo con cientos de personajes? ¿Cómo debe plantearlo un escritor?

Recuerdo muy bien “Harry Potter y la Piedra Filosofal”, el primer volumen de la saga de J.K. Rowling. Me encantó la llegada de Harry al colegio Hogwarts de magia y hechicería y la ceremonia del Sombrero Seleccionador. Eran páginas por las que desfilaban un montón de estudiantes de magia, de personajes absolutamente nuevos: Hanna Abbott, Dean Thomas,
Lavender Brown, Seamus Finnigan, Neville Longbottom, Susan Bones, Blaise Zabini… Tantos que, de manera casi inconsciente, renuncié a identificarlos, a formarme una imagen individual de cada uno, y los clasifiqué de manera coral en un mismo grupo de “compañeros del colegio de Harry”. Por eso, cuando se estrenó la película, me sorprendí al ver que cada alumno tenía sus propios rasgos característicos y comprobar que había muchos niños a los que no les había puesto cara cuando leí el libro. En ese momento tomé plena conciencia de que el cerebro de un lector se las arregla de una u otra manera para asimilar los personajes, uno a uno de forma individual si se le presentan adecuadamente, o agrupándolos si se le presentan en avalancha.

Toda esta reflexión me ha llevado a proponer una “hipótesis literaria” y plantearme algunas cuestiones. Vayamos a ello, primero con el enunciado:

Hipótesis literaria sobre la capacidad de un lector de asimilar personajes: “cuando los personajes de una obra literaria se presentan de manera asimilable, el lector se forma una imagen individual de cada uno. Sin embargo, existe un límite de intensidad de introducción de personajes a partir del cual el lector, de forma involuntaria, comienza a imaginar los personajes en grupos en lugar de individualmente, para poder así seguir la obra literaria.”

Una vez lanzada la hipótesis, podemos hacernos preguntas y reflexiones. No he diseñado ni realizado experimentos para validar o descartar esta hipótesis, pero sí he pensado bastante sobre el asunto. Parece obvio que la capacidad de asimilación de personajes depende del lector y de la obra. Como escritores, no podemos controlar la parte correspondiente al lector, pero sí de la obra. El principal factor que define la capacidad de una obra para ser asimilada, según mi propuesta, es la velocidad de introducción de personajes, que podemos llamar con las siglas VIP. Esta VIP puede medirse con un parámetro del estilo “número de nuevos personajes por cada 10.000 palabras”. Una obra tendrá una velocidad media que considere el total de personajes de la obra y el total de palabras, pero puede ser interesante hacer el cálculo por unidades más pequeñas (como capítulos, conjuntos de páginas, etc.) que nos ofrezca un valor de “velocidad instantánea”.  Será importante considerar ambos parámetros, ya que una novela puede tener por ejemplo una velocidad media muy baja y sin embargo presentar un pico alto en el parámetro de velocidad instantánea en algún capítulo o momento de la obra.

Me parece que un estudio muy interesante puede ser precisamente el de analizar la VIP de un buen conjunto de novelas, y relacionarla con la capacidad de asimilación de personajes según la experiencia subjetiva de un grupo de lectores. Así, los escritores podremos tener en cuenta los resultados para no aplicar una VIP en nuestras obras que supere la capacidad de asimilación de los lectores. Diferenciar por franjas de edades (niños, adolescentes, adultos, etc.) puede también arrojar conclusiones interesantes. Los procesadores de texto podrían incluir alarmas y otras funcionalidades automáticas para escritores relacionadas con estos parámetros. También un editor podría usar estos conceptos para determinar de forma objetiva si una obra presenta los personajes demasiado deprisa o no, y por tanto si se adaptan a una determinada línea editorial. Y, por comentar otra aplicación, podría estudiarse si la literatura ha tenido cambios a lo largo del tiempo en cuanto a la VIP: sospecho que en los últimos años tanto la velocidad de introducción de personajes como la capacidad de los lectores para asimilarlos se ha incrementado, probablemente como consecuencia del uso de las redes sociales que nos han dado la posibilidad de gestionar cientos y hasta miles de contactos individuales.

Por supuesto, la VIP de una obra puede representarse de forma gráfica. La manera más natural sería representar en el eje horizontal el número de palabras y en el vertical en número de personajes.  La pendiente de la gráfica representaría la VIP.

 ¿Qué pensáis de todo esto? ¿Alguna vez os habéis perdido entre la maraña de personajes de una obra o saga? ¿Es más relevante la velocidad media o la instantánea? ¿Estáis de acuerdo con la hipótesis planteada? ¿Algún valiente dispuesto a diseñar y ejecutar un experimento para validarla o descartarla?

Imágenes: un par de libros de Harry Potter posando en la estantería del salón y gráfico inventado sobre una gráfica de VIP para una novela de 128.000 palabras en la que hay 25 personajes. 

Comentarios

Imagen de Raúl

¡Hola!

Muy interesante este tema, aunque complicado de analizar sin un gran volumen de lectores dispuestos a ello durante un amplio espacio de tiempo.

Un experimento posible sería seleccionar diferentes libros de diferentes estilos, número de palabras y número de personajes, y dárselos a leer a múltiples lectores, con diferentes características, para, tras cada lectura, comprobar su conocimiento de los personajes.

Este experimento, aunque sencillo, obligaría a analizar previamente varias cuestiones para ser efectivo:
1. ¿Cómo influye la velocidad a la que lee el lector?
En principio, cuanto más rápido lea menor será la penetración del contenido, pero como todo dependerá de cada lector.
2. ¿Cómo influye la lectura de múltiples libros?
Si cada lector tomara un único libro el estudio sería poco fiable, pero al aumentar el número de libros la probabilidad de confusión entre historias y personajes crecería, a menos que entre lecturas hubiera pausas suficientes. Este problema crecería en las lecturas que menos casen con los gustos del lector.
3. ¿Cómo calibrar la suficiencia de una pausa entre lecturas?
Esta pausa no necesariamente durará lo mismo para cada lector, pero de haber muchos casos en que fuera "excesiva" el experimento se dilataría.
4. ¿Limitar el estudio a determinados niveles culturales?
Aunque esta medida podría simplificar el estudio limitaría profundamente el resultado, y previamente habría que confirmar esta fuera una segmentación válida dado el objetivo del estudio.
5. ¿Cómo calibrar el experimento para igualar en el resultado los diferentes rangos de edades?
Deberían analizarse las diferencias entre los distintos grupos de edad para, al llegar al resultado, ser capaces de igualar todas las categorías del experimento de cara a obtener resultados en una escala común.
6. ¿Cómo segmentar a los lectores sin dirigir el resultado?

Si bien el resultado del estudio serviría para escribir libros mejor adaptados al público objetivo o, al menos, para ajustar el número de personajes de un modo más lógico en contraposición con el modo intuitivo, resolver las dudas y afianzar las premisas para un análisis completo podría llevar tanto tiempo como el propio experimento, el cual a su vez podría suponer años de estudio continuado.

Por supuesto, cuando más delimitáramos las premisas menos tiempo se necesitaría para el experimento, pero al hacerlo se debe tener presente qué es lo que se quiere analizar para no llegar a conclusiones parciales.

Dicho esto, siempre existen alternativas viables a cualquier estudio, por lo que la problemática de este experimento no debería impedir realizar otros como, por ejemplo, escribir relatos cortos, quizá de 500-1000 palabras, con diferente número de personajes y diferente profundidad en sus descripciones, y cuestionarios relativos a cada uno de ellos con preguntas sobre los personajes, dando a cada lector, tomado al azar, 30 minutos para la lectura y 15 para las respuestas, todo seguido.
Esta opción reducida, aunque no cubriría todos los ángulos, podría dar buenos resultados prácticos.

¡Saludos!

Imagen de Joseto Romero

Desde luego, una hipótesis siempre pide un experimento bien diseñado con el que confirmarla o descartarla. Las ideas que indicas, Raúl, son muy interesantes. Desde luego la variable del lector debe ser tenida en cuenta en un estudio de este tipo. Los resultados no serán los mismos para niños que para jóvenes o adultos, por ejemplo, y además segmentar por edades seguro que es muy interesante porque dará información aplicable a literatura infantil, juvenil y general. Lo mismo puede decirse de segmentar por sexo, nivel de estudios, ciudad, país, o cualquier otra variable social.
La idea de la interferencia entre lecturas es también interesante. Importa en la vida habitual de los lectores, y también importaría en un experimento de este tipo. En realidad, yo confío en la capacidad de separar de las personas, y llevamos con naturalidad eso de desenvolvernos en varios ambientes reales y ficticios: familia, amigos, otro grupo de amigos, trabajo, y mientras estoy leyendo un libro, siguiendo un par de series o "realitis", etc, pero conviene saber cómo influye el número de "frentes abiertos" que somos capaces de gestionar.
Un primer experimento basado en cuentos puede ser muy útil, tanto por las propias conclusiones que se obtengan como para acumular experiencia de cara a diseñar un experimento más complejo dirigido a novelas.
Para mí, las claves son:
1) Aplicación para elaborar el mapa de aparición de personajes en el texto. Si sabemos a priori todos los personajes que aparecen y sus nombres, un programa que obtenga este mapa puede ser sencillo de desarrollar.
2) Diseño del test a cumplimentar por los lectores, que debe conseguir una buena foto de lo que el lector ha experimentado realmente.
Creo que este debate da mucho juego, de verdad.

Imagen de Elena

Yo creo al igual que Raúl que la velocidad de lectura si es alta la asimilación de personajes baja, supongo que se necesita un tiempo para que el lector se los imagine. En mi caso particular me gusta tener imagen de todo lo que leo, por lo que si se me ponen en un libro de inicio mucjos personajes puede que al leer deprisa sea el motivo que me haya hecho dejar algún que otro libro sin leer. Pienso que no solo hay que tener en cuenta el número si no la densidad y cuando se introducen. Si se introducen muchos personajes al principio puede agobiar al lector como me ocurre a mi.

Imagen de Joseto Romero

La velocidad de lectura es un factor que podría influir efectivamente en la capacidad de asimilación de un personaje. Si leemos en un dispositivo electrónico, podría construirse una aplicación que calculara la velocidad a la que se está leyendo, por ejemplo en palabras por minuto. La aplicación necesitaría capturar el evento de avance de página y considerar otras variables como el número de palabras mostradas en la página y el tiempo transcurrido entre un avance de página y la siguiente, además de cierta inteligencia que sepa diferencia entre una lectura normal y un simple hojeado o lectura diagonal, etc. Combinar los resultados del test diseñado para medir la capacidad de asimilación de personajes con el cálculo de la velocidad de lectura podría decirnos si ambos parámetros son independientes o presentan alguna relación (y de qué tipo sería).
En realidad, Raúl, Elena, estáis lanzando una nueva hipótesis que podría enunciarse como "la velocidad de lectura influye en la capacidad de asimilación de personajes" y que también necesitaría su experimento para validarse y descubrir de qué tipo es la influencia, si la hay. Pero por muy lógico e intuitivo que parezca lo que planteáis, necesitaría también su propio experimento de comprobación.

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