Fluidos

Tiró de mí hacia la oscuridad y ni se me ocurrió siquiera que no podría enseñarme nada en aquella negrura. Que aquel viaje no tenía sentido. Que ella no podía estar tirando de mí. Fluidos. Bajo las aguas del lago en una noche de luna. El abismo se abría con cada brazada. Una frontera. Ella me sonrió, su pelo flotando en la ingravidez. Nadábamos hacia el fondo. Ni se me ocurrió siquiera que ella no podía estar allí.

La beso. En otro tiempo. No allí. Gotas de agua caen sobre nosotros. Es como hacer el amor bajo el agua, le digo. Ella me besa. Creo que estamos desnudos y abrazados. De pie, bajo una cascada que cae en silencio. No sé de dónde proviene la claridad. Quizá de nuestro reflejo en cada gota. La beso.

Avanzábamos hacia el fondo negro, sin aire, ¿no llevábamos bombonas? ¿no llevábamos nada?, y entre los temblores de una luz indefinida comenzaron a dibujarse edificios. La miré. Todo continuaba tan oscuro como antes y sin embargo había luz, y edificios que se aproximaban, y ya estábamos nadando entre ellos, no, caminando entre ellos. La miré. Me sonreía, tranquilo, tranquilo, caminamos de la mano entre los temblores de las fachadas.

Bajo la cascada, ¿cuándo fue que hicimos el amor bajo una cascada? ¿hace cuánto tiempo?, sus manos acarician mi pecho, bajan por la espalda, llegan a mis muslos. Me dice que me quiere y yo le digo que la quiero, ¿es cierto eso? ¿de verdad nos decimos algo?, después su mano viene a mi sexo. Nos miramos. Sus dedos juguetean. Es como un burbujeo que estuviese en su risa pero está en sus dedos alrededor de mi sexo. Sin cerrar los ojos, toco sus manos.

Siempre tirando de mí, me llevó hasta la luz que había tras una ventana. Me hizo un gesto de silencio con el dedo sobre sus labios, ¿es que acaso podría decir algo bajo el agua?, y espiamos, en cuclillas, y vimos a un grupo de personas que reían y hablaban alrededor de una mesa. Un hombre y una mujer se daban la mano. Reían y hablaban, pero sólo salían burbujas de sus bocas. Se movían muy despacio. Tirando de mi camisa, ¿estaba en el fondo del lago en mangas de camisa?, mi acompañante llamaba mi atención sobre un segundo grupo, al fondo de la sala, sentados en círculo sobre sillas y sillones. No hablaban. Todo era muy confuso pero… ¿no tenían aquellos otros extraños los mismos rostros que los que reían tan cerca de nosotros? Faltaba alguien. Faltaba la mujer, y el hombre miraba hacia la calle a través de una abertura en las cortinas de otra ventana. Miraba la lluvia. Me pareció que no se daba cuenta de que todo afuera estaba inundado.

Las gotas caen sobre nuestros cuerpos, aquella vez, en aquella cascada. Nuestras bocas vuelven a no separarse, y mis manos se posan sobre sus nalgas. La tierra tiembla. ¿Has sentido el temblor? No hables. ¿No lo has sentido? No pasa nada. Pero… Bésame, pronto todo será agua. Y vuelvo a besarla. Y mi mano busca su sexo.

Se levantó y salió corriendo, ¿nadando?, mientras decenas de torbellinos que un momento antes no estaban allí golpeaban contra las piedras hundidas de los edificios. Estábamos en el fondo. Ella había soltado mi mano, ya no tiraba de mí. ¿Cómo se había alejado tanto en un segundo? Iba a ir tras ella cuando se volvió para mirarme. No le dio tiempo a despedirse. Un torbellino la despedazó en mil fragmentos de agua.

Un hombre solo, un hombre desnudo y solo bajo una cascada siente el agua resbalar por su mano vacía. Tiene en su cabeza la imagen de una Ofelia ahogada, pero sabe que él es el loco. Mi Ofelia… Cierra la mano en un puño.

Le falta el aire. Fluidos. En la negrura del fondo le falta el oxígeno para seguir contando. Oscuridad. Sólo oscuridad.

 

"Cuento del mes" correspondiente a septiembre de 2014 del autor invitado José Jesús García Rueda. Más sobre el autor en A voz en cuento y El Módem de Gutenberg.

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Imagen de Joseto Romero

Un cuento de sensaciones que evocan a los sueños: la ingravidez, la casi nula sonoridad que reina bajo el agua o la contradicción de algunas imágenes como ver llover en un lugar ya inundado. Y lo efímero siempre presente. Si los escritores románticos escribieran sobre la Atlántida, lo harían así.

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