Personajes trascendentales

 

Según el tipo de texto en el que estemos trabajando, necesitaremos profundizar más o menos en los personajes. Una novela de espada y brujería probablemente tenga suficiente con un protagonista esbozado en pocos trazos, lo justo para colocarle un arma y enfrentarle a las aventuras. Un cuento al estilo clásico puede recurrir a la cultura de los lectores e invocar a los personajes predefinidos en la conciencia colectiva: con decir “lobo”, “príncipe” o “niño de padres pobres” puede ser suficiente. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, querremos personajes muy elaborados y necesitaremos dotarlos de contexto social, familia, amigos, ambiciones, motivaciones, secretos, manías, personalidad y tantos detalles como sea posible. Sobre todo, para que la trama funcione y podamos crear intriga, debemos proponer conflictos para nuestros personajes. Las barreras para alcanzar un objetivo, las tomas de decisiones difíciles, las contradicciones, etc, son ejemplo de buenas fórmulas para crear conflictos.

Podemos tener un protagonista homosexual obligado a esconder su condición en una sociedad intransigente. Un héroe expuesto a una tentación y obligado a decidir entre el camino recto o el atractivo. Un parado forzado por las circunstancias a entrar en la ilegalidad. Un visionario que es consciente de un peligro que amenaza a la humanidad pero que le toman por loco y encuentra todo tipo de dificultades en su tarea de evitar la catástrofe. Una persona con una vida perfecta pero que cometió un error en su juventud y súbitamente debe enfrentarse a sus consecuencias.

En definitiva, se nos pueden (¡y deben!) ocurrir muchos problemas, numerosas opciones que actúen como motores de la trama.

El conflicto al que se enfrente nuestro protagonista y lo bien contado que esté será crucial para que nuestra novela funcione. Hoy os quiero proponer una manera de intensificar estos conflictos: hacer que los personajes que los sufren sean trascendentales.

Imaginemos un protagonista al que le acaban de diagnosticar una enfermedad, toma conciencia de que le quedan sólo unos meses de vida y decide apresurarse a realizar esas cosas que considera de verdad importantes antes de que llegue su hora. Bien, tenemos un conflicto. Pero imaginemos ahora que este personaje no es alguien cualquiera, sino alguien trascendental, por ejemplo un científico a punto de descubrir la vacuna contra el sida, un escritor famoso a punto de concluir la última novela de una saga de éxito internacional, un presidente de un gobierno o uno de los principales magnates de la droga. En cualquier de estos casos, el conflicto toma una dimensión mayor porque las decisiones de los personajes trascienden su ámbito personal o particular y afectan a todo un país o a la humanidad al completo.

La ficción está repleta de este tipo de personajes trascendentes y rodeados de conflictos. Marv de Sin City (película) es víctima de una trampa para inculparle de un asesinato, decide investigar y se encuentra con una trama que implica personas cada vez más poderosas y va mucho más allá de sus circunstancias. Jim Lovell de Apollo XIII (también película) confronta su deseo personal de pisar la Luna y su vida familiar en un contexto súper trascendente de misión espacial. Y así podríamos encontrar muchos más ejemplos.

Pero lo más curioso es que, además de en la ficción, existen numerosos ejemplos similares en la realidad. Alan Turing, pieza clave en la II Guerra Mundial, hizo méritos no sólo como uno de los científicos más notables de la época, sino como héroe de guerra, pero su condición de homosexual en su contexto social le llevó a un trágico final. Èvariste Galois, en 1832 y con sólo veinte años, ya había hecho contribuciones asombrosas a las matemáticas, y quién sabe qué brillantes trabajos podría haber desarrollado si no hubiera muerto en un duelo, al parecer motivado por un lío de faldas. Habría otros homosexuales torturados en Reino Unido tras la II Guerra Mundial, otros muchos duelos en el siglo XIX y cientos de líos de faldas, pero las historias de Turing y Galois son más interesantes precisamente por la trascendencia de estas personas y sus trabajos.

Aunque nuestros personajes se enfrenten a los mismos conflictos interiores que cualquier persona normal, si vemos que le falta algo de potencia, crucemos su mundo personal con algo trascendente para la Humanidad. La historia de Marv coge más fuerza porque salpica a políticos y poderosos. Jim Lovell es nada menos que un astronauta. Turing y Galois tienen potentes conflictos internos pero se magnifican por la importancia de sus estudios, por ser cerebros punteros en su época. El recurso de incorporar trascendencia es uno de los que guardo en mi caja de herramientas literaria, tanto para analizar lecturas como para definir personajes propios, y seguro que muchos también lo aplicáis. ¡Espero que os resulte útil!

 Imágenes de dominio público obtenidas vía Wikimedia Commons:"Sin city logo" de Christian Flores. La película supo transmitir muy bien la estética cómic. "Apollo 13 passing Moon" de James Lovell, John Swigert, Fred Haise - The Apollo Image Gallery. ¡Qué cerquita pasó de la Luna!. "Alan Turing Aged 16", sin duda su historia merece un post aparte en Diludia, me lo apunto para un futuro Wink."Evariste Galois" de autor desconocido - Iyanaga, Shokichi, Springer-Verlag Tokyo, 1999. Lo suyo sin duda era tener genio, en todos los sentidos.

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