Microrrelatos: ventanas a otros mundos

Un microrrelato es, ante todo, ficción. Los microrrelatos no son aforismos, ni greguerías, frescores, refranes, chistes o juegos de palabras sin más. Su ADN es la ficción, su sangre es la misma que corre por un cuento, un relato, una novela o una saga compuesta por decenas de volúmenes. La característica de ser ficción es esencial en este género, más necesaria aún que el propio hecho de ser breve. Para que el microrrelato exista realmente debe haber una historia, una trama, algo que contar. Lo maravilloso es que, en el microrrelato, esta historia que contar la construye principalmente el lector y cada uno puede imaginar su propia versión diferente de todas las demás; incluso un mismo lector puede, por qué no, fabricar varias historias a partir de un microrrelato.

En realidad, esto también ocurre con las novelas más largas. Nunca se cuenta todo, ni siquiera en un texto con un narrador omnisciente incrustado de raíz puede contarse todo, siempre quedan huecos, lugares vacíos que, consciente o inconscientemente, completa el lector a su manera. Por eso la literatura es líquida, se adapta al recipiente que la contiene, se adapta a la imaginación de cada lector.

Un microrrelato plantea, en lugar de una línea argumental, algo más parecido a un punto argumental, y por un punto pueden pasar infinitas líneas. Por eso, a la hora de leerlos, es buena idea tomarse su tiempo, imaginar qué ha sucedido antes y qué puede ocurrir después, completar tranquilamente nuestra propia versión de la historia que nos muestra, de la película a partir de un solo fotograma.

En cuanto a la escritura de microrrelatos, yo parto de dos axiomas. Uno es la obligatoriedad de ser ficción y otro es la brevedad. Para lo primero soy más estricto, para lo segundo no: puedo tolerar un microrrelato contenido en los 140 caracteres que permite un tweet igual de bien que un micro de 250 palabras o casi media página. Pero, aparte de estas dos características, ¿cuál es la verdadera motivación para escribir microrrelatos? ¿Qué historias son convenientes para este género en lugar de utilizar un texto largo?

Supongo que cada autor tendrá sus propios motivos y criterios para decidir escribir un microrrelato. Los motivos prácticos son lícitos: el mero hecho de iniciarse en el género, la atracción por un formato tan extremo o la posibilidad de completar una obra en poco tiempo. En este post quiero hablaros de una de mis motivaciones para escribir microrrelatos: el laboratorio de Universos de Ficción.

Un Universo de Ficción es tremendamente complejo de crear. Mundos fantásticos como los de El Señor de los Anillos, Canción de Hielo y Fuego, Star Trek, Pokémon, Conan el Bárbaro o Harry Potter, por mencionar algunos, requieren mucha dedicación para su creación y desarrollo. Imaginemos que, como autores, nos disponemos a crear un Universo de Ficción completo, con su Geografía e Historia, personajes, criaturas  e incluso con culturas y lenguas totalmente inventadas. Más nos vale que este universo que creemos sea atractivo, porque vamos a dedicarle miles de horas. Seguramente construyamos nuestro mundo fantástico poco a poco en nuestra imaginación y nos acompañe mucho tiempo, muchísimo, antes de escribir una primera novela basada en él. Sin embargo, un microcuento puede servirnos de herramienta para probar nuestro mundo imaginado desde el minuto uno de su concepción. Los micros son suficientemente flexibles como para permitir el desarrollo de nuestro mundo ficticio, no es necesario ni siquiera esperar a que hayamos fijado unas bases sólidas para el Universo de Ficción, podemos ir creando micros sobre la marcha. Al ser puntos argumentales, nos permitirán crear un plano salpicado de ellos que luego podemos jugar a unir con líneas. Son una buena manera de medir el potencial de nuestro Universo de Ficción: si los microrrelatos ambientados en este mundo nos motivan a seguir inventando historias y escribiendo, nuestro mundo ficticio promete. Si no, quizá algo va mal.

Aparte, los microrrelatos también pueden ser muy útiles para concebir un Universo de Ficción que aún no tenemos ni siquiera en mente. Si sólo tenemos claros unos conceptos muy generales (como “quiero escribir ciencia ficción cercana a la actualidad” o “quiero escribir sobre un mundo medieval con magia”) podemos comenzar lanzando unos cuantos micros a partir de los cuales ir concretando más detalles y dotando de originalidad y personalidad propia a nuestro Universo de Ficción.

Ahora mismo estoy escribiendo un libro de microrrelatos. Algunos responden a motivaciones prácticas como la iniciación en el género y la curiosidad por la creación de textos extremadamente cortos, otros corresponden con puntos de Universos de Ficción que estoy planteándome, pequeñas ventanas a través de las que asomarse a otros mundos imaginados. Quizá alguno de estos micros se desarrolle posteriormente en algo más grande.

¿Y tú? ¿Te has acercado alguna vez a los microrrelatos? ¿Por qué los escribes? ¿Recomiendas alguna lectura particularmente interesante?

 

Imagen: ¿Qué mejor que una lupa para encontrar buenos microrrelatos? Fotografía tomada de Pixabay con licencia CC0 de dominio público

Añadir nuevo comentario