MasterChef literario

Este martes es la final de la tercera edición de MasterChef. Confieso que me he enganchado a este talent show. Y no soy presa fácil: he esquivado uno por uno los realities y otros programas similares como Operación Triunfo o Gran Hermano, incluso cuando eran novedad televisiva y no seguirlos suponía quedar fuera de algunas conversaciones entre amigos.

Con MasterChef sólo me he perdido algún episodio y a veces tengo una sensación de, ¿¡pero qué estoy haciendo!? ¡Debería aprovechar estas dos horas para escribir o para descansar en lugar de permanecer como un zombi delante de la caja tonta! Pero me gusta. De vez en cuando, resulta absolutamente delicioso desconectar el cerebro y ser un mero espectador pasivo de un programa así, reconozcámoslo. Otras veces lo dejo conectado y pienso cosas relacionadas con la ficción y la gastronomía: ¿qué cocinarían en un mundo fantástico? ¿tendrían todos esos ingredientes? ¿y qué deberían comer en una novela de ciencia ficción que imagine el año 3.003? Por supuesto, un pensamiento que seguro que muchos de vosotros habéis tenido es que, igual que hay programas dedicados a la cocina, ¿por qué no hacen un talent show sobre escritura?

De nuevo, descubro que la literatura tiene mucho que aprender del mundo audiovisual. Sí, existen concursos literarios igual que también hay concursos en televisión pero, ¿no sería genial un talent show de aspirantes a escritores?

MasterChef tiene una estructura dividida en tres pruebas que funciona fantásticamente bien: la primera, un reto creativo donde los mejores consiguen ser capitanes para la siguiente prueba, la segunda, que es por equipos y se realiza en un escenario exterior. El resultado de la prueba por equipos determina quiénes reciben el premio de salvarse y continuar en el próximo programa y quiénes se la jugarán en la última fase del programa, la prueba de eliminación. El que peor hace la prueba de eliminación, sale del concurso. El sistema se repite, con alguna alteración para hacerlo más ameno, hasta que sólo quedan dos concursantes que se enfrentan en la final.

¿Cómo sería el formato de un talent show de literatura que enganchara de verdad a los espectadores?

En primer lugar, tendría que haber un jurado y unos invitados mediáticos. Juan José Millás, Arturo Pérez-Reverte, Laura Gallego... ¡uf!, hay muchísimos autores que me encantaría ver en acción en la televisión. Críticos literarios también harían falta, así como editores y estrellas de otros oficios de la escritura como traductores, ilustradores, diseñadores, etc.

En cuanto al tipo de pruebas a realizar, se me ocurren algunas:

  • Escritura rápida, como prueba en la que el tiempo deba ser un factor determinante. Solamente he participado una vez en un concurso de escritura rápida, hace muchos años en Getafe, y es muy divertido. Parecía un examen. La mecánica básica es sencilla: el jurado desvela la temática o clave que deben cumplir obligatoriamente todos los cuentos (esto evita que alguien haga trampa y traiga uno preparado con más tiempo desde casa) y el reloj empieza a correr. Cuando acaba el tiempo, se entregan los trabajos y el jurado delibera.
  • Cadáver exquisito, como prueba por equipo, ya que esta técnica ideada por los surrealistas explota precisamente la escritura colaborativa (aunque a un nivel muy primario).
  • Ayuda a un escritor real. Ya sabéis que he lanzado algunos “retos” en Diludia, y os he pedido ayuda a los lectores para que me echéis una mano en textos que aún no he sido capaz de terminar como “Sopa de letras”, “Lucía” o con ideas como la de “¿Qué ocurrió con la cibra y la cubra?”. La mecánica de esta prueba sería que un escritor mediático viniera invitado al programa y expusiera un reto, pidiera ayuda a los aspirantes para resolver un bloqueo, recopilar ideas, etc, así que los concursantes, además de competir, ayudarían a crear una obra real a un autor reconocido.
  • Reto del cuento mutante. Uno de los experimentos literarios que tengo en el tintero es el que llamo “Proyecto Q”, y que consiste en crear un cuento y luego modificarlo genéticamente. Por ejemplo, tocar el gen de la longitud y crear versiones del cuento hiperbreves y versiones extendidas. O tocar el gen del enfoque y contarlo, en lugar de en tercera persona, en primera. Esto podría dar lugar a un tipo de pruebas curiosas.
  • Reto del final alternativo. Muy sencillo: partir de un cuento conocido (por ejemplo, Caperucita Roja) y proponer un final distinto, alternativo. ¿Quién no ha hecho esto mismo en algún curso de creación literaria?
  • Creación de criaturas fantásticas. Los dragones son, probablemente, uno de los seres más potentes de toda la literatura. Pero ya están inventados. ¿Y si ponemos a nuestros concursantes a idear nuevas criaturas? Valoraríamos originalidad, nivel de detalle, potencial de uso en ficción, etc.
  • Adivina de quién es este texto. Se supone que los concursantes van a convivir durante unas semanas, y van a recibir clases de literatura además de competir en los programas. Probablemente, se conocerán bastante. Una prueba divertida puede ser si, en una lectura a ciegas, los compañeros son capaces de detectar de qué rival es cada texto. También puede plantearse con una lectura a ciegas de textos inéditos de autores famosos invitados. Sería, además, una estupenda manera de promocionar novedades editoriales.
  • Reto documentación. Lo digo directamente como lo anunciaría el portavoz del jurado: “Aspirantes, tenéis dos horas para redactar un cuento basado en la Salamanca del siglo XV. Para esta prueba, no tenéis acceso a Internet. El tiempo empieza en tres, dos, uno... ¡a escribir!”
  • Cuentacuentos. Prueba en la que, sobre un texto igual o similar, se prima al concursante que mejor lo cuente de forma oral.

 

Podría seguir con más y más pruebas. Seguro que a ti se te ocurren también algunas adicionales: ¡no dudes en compartirlas en los comentarios!

Un programa así, además, crearía en España cantera de escritores, lectores y profesionales del mundo de la literatura y la edición y supondría una promoción del idioma español mayor de lo que podemos imaginar. Sin embargo, debe de ser realmente complicado conseguir un programa ágil y que enganche a los espectadores. ¿Alguien se anima a realizarlo? ¡Sería tan original! Si se produce algo así, prometo engancharme desde el primer día. ¡Qué digo engancharme! Prometo inscribirme como concursante.

 

Imagen: logo de MasterChef. Tomada de Wikimedia Commons, de dominio público.

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