El futuro próximo

El futuro es el marco temporal por excelencia de la ciencia ficción. No el único, desde luego, pero quizá sí el que más grados de libertad ofrece y donde mejor podemos dejar vía libre a la especulación.

El futuro, lejos de ser un concepto acotado, es tremendamente amplio y todo cabe. Si queremos incluir en nuestro pacto ficcional adelantos verdaderamente asombrosos como la colonización espacial, la terraformación o los viajes interestelares es muy probable que necesitemos ubicar la acción en un futuro muy lejano.

Pero hoy quiero fijarme en el futuro próximo, en el muy próximo. Ese en el que el mundo no ha cambiado mucho y en nuestro día a día no hay naves espaciales ni rayos láser, sino solamente un pequeño matiz de modernidad que va más allá de nuestra realidad actual.

En los últimos meses, he escrito algunos cuentos en esta línea. Por ejemplo, la historia de una persona que llega del trabajo y se pone a hablar con su casa, en la que tiene instalado un sistema de domótica inteligente capaz de entender y procesar el lenguaje natural; o un cuento en el que un chico bebe de un vaso que le informa con un display integrado en el propio vidrio de la cantidad de líquido que contiene, su temperatura y otros parámetros. Son cuentos que surgen con relativa sencillez (la idea, no tanto el texto definitivo). No hay más que leer cualquier noticia tecnológica y jugar a darle una vuelta adicional.

Juguemos, entonces.

Tomemos por ejemplo este artículo de ayer mismo (28 de octubre de 2016) titulado “Consiguen prótesis que transmiten sensación de tacto” del boletín de noticias de madri+d.

Lo primero es leer la noticia. Trata de un avance que permite a un amputado recuperar la sensación de tacto a través de la prótesis gracias a unos sensores y a unas conexiones (electrodos) con los nervios de la persona, y mejoran la calidad de vida gracias a que se puede distinguir el nivel de presión que está ejerciendo la prótesis. Es útil para caricias, apretones de manos o manipulación de objetos.

El segundo paso, es dejar volar la imginación, especular. Por ejemplo, ¿qué pasaría si, en lugar de con una prótesis adherida a un miembro amputado, puedo hacer lo mismo con una prótesis que se encuentra al otro lado del planeta? En realidad, la tecnología actual podría ya hacer algo así, los electrodos estarían igualmente pegados al miembro amputado, pero la prótesis podría estar lejos y enviar en remoto las señales a los electrodos de la persona. De ahí a imaginar una especie de “mano remota” no hay mucho. Y si esta mano la montamos sobre un dron y le añadimos una pequeña cámara de video, se convierte en algo muy versátil.

El tercer paso, es ya entrar en el terreno de la ficción. Este artilugio puede ser utilizado por ejemplo por un ladrón (el ladrón del dron sería un buen título), o puede dar lugar a nuevos juegos o deportes, o puede servir para que una pareja separada por la distancia pueda, además de hacer una vidoconferencia vía internet, acariciarse. A partir de aquí, podemos idear nuestro relato.
Este método ofrece muchas cosas interesantes. A mí me gusta introducir una única innovación de este tipo en un mundo que, por lo demás, es exactamente igual al actual. Así, es más fácil crear cercanía con el lector y conseguir que empatice con la historia; justo lo contrario que la ciencia ficción ultrafuturista, que utiliza precisamente el marco de “en un futuro muy lejano” para distanciarse, y debe encontrar la empatía con el lector por otros caminos.

Me gusta utilizar la ciencia ficción como un laboratorio absolutamente inocuo e inofensivo en el que probar ciertos avances tecnológicos. La literatura es una vía estupenda con la que adelantar innovaciones futuras, advertir sobre posibles problemas o dilemas morales que esta tecnología pueda traer, y también es una herramienta con la que ilusionar y animar a abordar problemas y retos que hoy por hoy no podemos resolver.

Sí, tengo toda una línea de pensamiento y de cuentos, algunos escritos, otros por venir, en esta temática del futuro muy próximo. Es un juguete delicioso.

Imágenes tomadas de pixabay bajo licencia CC0 de dominio público

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