Convertirse en araña

La Luna se cayó del cielo a la Tierra y se convirtió en una araña. En realidad, mi puño cerrado jugaba a ser la Luna, arriba en el cielo de mi brazo estirado. Iván, mi hijo de tres años, quiso que se cayera a la Tierra (la encimera de la mesa) y decidió que en ese momento se convertía en una araña. Iván sabe muy bien que la mano de papá encima de la mesa muchas veces cobra vida propia, utiliza los dedos a modo de patas locomotoras y se desplaza como una araña hasta alcanzar su cuerpecito y atacar inyectando una buena dosis… ¡de cosquillas! Claro, este tipo de arañas-mano no tienen veneno.

¿Cómo se traduce este juego en un cuento?

Los elementos iniciales son dos: la Luna (puño de papá en lo alto) y la araña (mano de papá en la encimera). Pero el niño de tres años nos ha dado también la clave del conflicto que mueve el cuento: la Luna se cae a la Tierra y se convierte en araña.

El caldo de cultivo ya está preparado y servido. Ahora el escritor debe lanzar unas cuantas cargas eléctricas de ficción para que el cuento cobre vida. En este contexto, lanzar cargas eléctricas equivale a lanzar preguntas y aplicar la lógica de los cuentos infantiles.

¿Por qué se ha caído la Luna? ¿Por qué se convierte en araña (en vez de en cualquier otra cosa)? El problema es evidente: la Luna se ha caído y querrá volver a su “casa”, al cielo, para llegar al final feliz que la lógica de los cuentos infantiles impone. Tener un problema planteado es tener medio cuento, la otra mitad consiste en idear la solución. En este caso, la solución supone responder a la pregunta: ¿cómo se las arregla la Luna para, siendo araña, volver al cielo?

Respondamos a las preguntas para elaborar el cuento paso a paso.

¿Por qué se ha caído la Luna? Porque un cohete pasó muy cerca y la desequilibró. La respuesta no es arbitraria. La mano de papá con la palma abierta, con los dedos estirados y juntos y apoyada en vertical sobre la muñeca, ha sido habitualmente un cohete en su plataforma de despegue en los juegos con Iván. Los cohetes son un elemento común en los juegos de fantasía entre ambos, y resulta de lo más natural incorporar uno.

¿Por que, al caer, se convierte en araña en lugar de en cualquier otra cosa? La respuesta real la tenemos -porque la mano de papá en la encimera suele ser una araña-, pero necesitamos una respuesta en la ficción del cuento. Aquí se produjo una variación importante: sustituimos la Luna por una estrella. Y esa estrella era especial por dos razones. La primera, que le gustaba mucho asomarse a la Tierra para ver los despegues de los cohetes y, la segunda, que en lugar de cinco puntas, tenía ocho. Con estos elementos incorporados se explica perfectamente que el cohete pase muy cerca de esta estrella (se asoma tanto para ver los cohetes que corre peligro de que le atropelle uno) y tiene toda la lógica del mundo que se convierta en araña: tiene ocho puntas, como la araña tiene ocho patas.

La estrella se desequilibra cuando pasa muy cerca un cohete, cae a la Tierra y se convierte en araña. Como araña, puede vivir en el sótano de una casa, o en el desván, o en un bosque, pero nuestra protagonista no quiere nada de eso porque en realidad no es una araña, sino una estrella, y lo que anhela es volver al cielo y recuperar su forma original de estrella.

¿Cómo se las arregla para volver? Aplicando sus habilidades y destrezas. Básicamente son dos. Como amante de los cohetes, sabe cómo funcionan y dónde encontrarlos. Como araña, dispone de hilo de seda. La ecuación ficcional encaja como el mecanismo de un reloj en este punto. Efectivamente, la estrella convertida en araña emprende un largo camino hasta llegar a la estación de despegue de los cohetes. Se acerca al cohete que está colocado en la plataforma en ese momento. Aprovecha su hilo de seda para enrollarse al fuselaje. Por fin, cuando el cohete despega, la araña también se eleva hacia el cielo, volando colgada del hilo de seda que la sujeta al cohete. Vuelan cada vez más alto y, cuando llega a la altura deseada, se suelta. La araña queda flotando en el espacio y, por la misma magia que se convirtió en araña de ocho patas, se convierte ahora de nuevo en estrella de ocho puntas. Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.

 

 

El cuento ya está vivo. Se lo he contado varias veces a Iván y lo hemos ido depurando. Tengo una primera versión redactada. Pero lo más importante es que el cuento existe ya realmente en la imaginación de un niño (y, quizá después de este artículo, en la de algún otro). Hay que destacar que este cuento, al haber sido creado a partir del juego cotidiano, tiene algunas características muy interesantes:

Puede interpretarse con las manos. La estrella de ocho puntas es una mano de papá alzada. El cohete es la otra mano (palma estirada, dedos juntos y en vertical) que despega desde la mesa hasta alcanzar la mano que hace de estrella. En ese momento, la mano estrella se tambalea y cae a la encimera. Una vez en la encimera, los dedos se disponen como patas para ser una araña. La araña busca un cohete preparado para despegar (de nuevo la otra mano) y finalmente el tándem cohete-araña ascendiendo al cielo en la escena final son las dos manos subiendo a la vez, una debajo de otra. No hace falta libro, ni tablet ni nungún elemento adicional, solo estar cerca del niño.

El niño participa. La estructura es lógica y simple. Los conceptos de “caerse” y “transformarse” los aportó el propio Iván y están, entiendo, al alcance de cualquier niño de una edad parecida. Igual que los conceptos “estrella”, “araña” y “cohete”.

Respeta el esquema básico de los cuentos infantiles.
Que no es otro que el binomio problema-solución, salpimentado con algunos mecanismos adicionales. Por ejemplo, el problema surge de una negligencia del protagonista, y la solución se consigue gracias a que este protagonista pone en juego sus habilidades. Por supuesto, el final es feliz.

Acepta elementos intermedios. El cuento permite incorporar aventuras en el camino de la araña. Por ejemplo, introducir la canción de Witzy Witzy Araña, o hacer a la protagonista recorrer varios ecenarios que la araña va descartando como lugar para vivir (desván, sótano, bosque o cualquier otro que se quiera).

Puede utilizarse para aprender a contar. Ocho puntas, ocho patas. Si se prefiere, se puede simplificar a estrella de cinco puntas que se convierte en araña de cinco patas, y cinco son también los dedos de la mano: tenemos muchas ocasiones para contar hasta cinco. Hay dos cohetes que despegan, que son dos ocasiones estupendas para contar, una cuenta atrás si el niño es más mayor, o alternativamente el cohete puede despegar “a las tres” (una, dos, ¡y tres!)

Y, sobre todo, es un ejemplo de cómo crear un cuento a partir de lo cotidiano, algo muy útil para padres, escritores y para padres escritores.

¡Disfrutadlo!

 

Imágenes tomadas de Pixabay bajo licencia CC0 de dominio público

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