¡Ficcionízate!

 

 

Guario era un mago de agua. Tras las Guerras Medias quedó sin poder y, en el último momento, no pudo defender al hijo del rey, que murió en el ataque final. Aunque Guario fue clave para ganar la guerra, el rey enloquecido de dolor lo culpó de la muerte de su heredero. Guario fue desterrado y condenado a vagar por el desierto. Allí su magia no servía y fue dado por muerto. Cuando estaba al límite de sus fuerzas, el destino puso un oasis en su camino. Allí Guario pudo recuperarse. Hizo acopio de fuerzas para atravesar la segunda mitad del desierto y llegar al otro lado del mundo, hasta la orilla del gran océano. Allí Guario recuperó de nuevo todo su poder.

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Iniciación al haiku (2)

 

Había una vez en el bosque de Caù una niña llamada Kotusei que cada mañana al salir el sol iba a buscar las Vancoras para la comida. Pero una mañana, más temprano de lo habitual, se encontró con la vieja Wonara, que le dijo: “¿A qué hora canta la abubilla?” La niña se quedó paralizada de miedo y no respondió. Y la Wonara la hizo pedacitos y se la comió.

El texto anterior es extraño. Se trata de un cuento tradicional de Gabón. Lo he extraído del libro “Cómo contar un cuento e inventarse cientos” de Paola Santagostino, que he comentado varias veces en Diludia. Paola dedica uno de los apartados de su libro a explicar qué cuentos no deben contarse a un niño. Uno de los tipos a evitar son los cuentos que resultan demasiado lejanos para el niño, los que vienen de una cultura totalmente diferente, porque no los entenderá y su imaginación lo interpretará a saber de qué manera. Este ejemplo seguro que es totalmente claro para un niño de Gabón, pero para un occidental no es comprensible en absoluto.

Una de las realidades contra las que me he estrellado durante mi iniciación al haiku ha sido precisamente la de enfrentarme a una cultura tan diferente como la japonesa. No son pocos los haikus que requieren un cierto conocimiento de la cultura, la tradición o naturaleza del país oriental para entenderlos. Por suerte, mi libro guía en este viaje, “Aware” de Vicente Haya, recopila un buen número de haikus seleccionados y comentados, incluyendo cuando es necesario las indicaciones sobre la cultura japonesa suficientes como para disfrutar el poema. Por ejemplo:

De niños y trenes

 

El camino que uno sigue en la vida raramente cambia

y más raramente aún lo hace de manera brusca.

Y la forma de su sendero particular era ya visible desde el principio.

No es país para viejos, Cormac McCarthy

 

            Recordaba a Santi anclado en su silla de ruedas, la mirada fija en el lugar que antaño ocupara su pierna derecha, ajeno a todo lo que no fuera su dolor. No siempre había sido así, claro, pero con el paso del tiempo los recuerdos tienden a simplificarse, a convertirse en una simple fotografía mal enfocada que no nos deja más remedio que fabular para comprender qué fue lo que pudo ocurrir. 

            Habían pasado tantos años desde la última vez que había visto el rostro de Santi, que evocar de nuevo todos aquellos momentos me provocó una inesperada sensación de vértigo. Me senté en un banco frente al bar que frecuentaba –uno de los pocos consuelos que nos queda a los solitarios, hombres que dejaron atrás los cincuenta y no saben de mujer ni hijos y, en ocasiones, ni de amigos– y cerré el periódico. Las nubes enfoscaban el cielo, amenazando lluvia, la misma lluvia gris y triste que nos había acompañado el día que Santi perdió la pierna.

¿Cuántas hojas caen en otoño?

¿Cuántas hojas caen en otoño? Este año, exactamente veinte.

El pasado miércoles 25 de noviembre presentamos el número 20 de La Hoja Azul en Blanco, la revista literaria de Verbo Azul. Ya sabéis lo importante que es esta revista para mí, y un número tan redondo hace que sea aún más especial.

Celebramos el acto en el teatro del Centro Cultrual Viñagrande de Alcorcón, el mismo escenario en el que presentamos el anterior número, La Hoja 19, el pasado 15 de enero. Me senté exactamente en la misma butaca que entonces. No sé por qué esa extraña fidelidad a una butaca, pero me parecía el mejor sitio para disfrutar del recital, de los cuentos, poemas y canciones de mis amigos de Verbo Azul.

Diluditeca: "Cuentos pacientes"

“Cuentos pacientes” es un libro que recopila 23 textos breves de la autora Goizeder Lamariano. Como ocurre a menudo en esta Diluditeca, no se trata de un best seller, sino más bien de una publicación muy personal de una escritora que comienza. O que comenzaba allá por 2012, cuando “Cuentos pacientes” salió a la luz.

Mi París

Durante el curso 2006/2007 fui lector de español en la École Normale Supérieure de París a través de una beca de la Universidad. Pasé unos meses maravillosos en aquella ciudad. La recorrí de arriba a abajo, de día y de noche. París me recibió con los brazos abiertos y aquel año fue para mí muy interesante también en lo que se refiere a literatura. Pero de eso hablaré en otra ocasión. Hoy quiero recopilar algunas fotografías del París que me acogió agradecimiento a sus gentes y como muestra de apoyo tras los ataques que ha sufrido esta ciudad.

 

 

 

 

 

 

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Regreso a U-Phi

 

Eugenio observaba detenidamente “Las Meninas”. En realidad, había recorrido todo el Museo del Prado, demorándose delante de cada cuadro, estudiando las pinturas profundamente, memorizando hasta el más mínimo detalle, pincelada a pincelada. Como por arte de magia, “Las Meninas”, que habitualmente se encontraba rodeado de gente, se había quedado sin ningún espectador. Eugenio había aprovechado ese excepcional momento de intimidad con la pintura de Velázquez para beberse con la vista cada centímetro del lienzo.

–Muchos Aspirantes se detienen ante este cuadro.

Eugenio se encontraba tan inmerso en su análisis que se sobresaltó al escuchar la voz. Ni siquiera se había percatado de la llegada de la mujer que le había hablado. Tardó unos instantes en darse cuenta de las implicaciones de que le llamara Aspirante. En ese momento, su corazón humano se aceleró y notó un sudor frío.

–No debes preocuparte. Soy de los tuyos. En este mundo uso el nombre de Eva.

Eugenio observó los ojos de la mujer. Su profundidad atravesaba varias dimensiones, algunas incluso desconocidas para él.

–Entonces también tú eres Aspirante.

–Lo soy. Puedo ayudarte, si tú quieres. Salgamos a la calle a pasear.- Eva le dio la espalada sin esperar respuesta y se dirigió hacia la salida del museo. Eugenio se había tranquilizado, pero le invadía una sensación extraña. Su análisis de “Las Meninas” había sido interrumpido bruscamente y se sentía como arrancado de un profundo sueño. Debería retomarlo y finalizarlo, era una de las obras más bellas de aquel mundo. O quizá debería seguir a Eva.

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