El placer de escribir (6-10)

 

Durante esta segunda mitad del mes de agosto de 2015, he podido continuar con el curso de escritura creativa “El placer de escribir”. En esta segunda entrada sobre este tema, os traigo comentarios de las lecciones 6 a 10. Lo primero, confesar que me divierte, estoy disfrutándolo cada vez más. Y creo que la principal razón de disfrutar un curso así es... algo tan sencillo como escribir a la vez. He creado algún cuento recientemente, estoy generando ideas nuevas y diseñando una novela que se encuentra en fase previa a la escritura como tal: creación de personajes, escenarios, etc. Todo esto es material propio sobre el que aplicar directamente las lecciones del curso, sobre el que toma sentido lo aprendido, y hace que estudiarlo sea divertido.

¿Qué lecciones han sido esas? Pues unas bastante cerebrales en diferentes sentidos. A continuación la lista:
     6. Voces orales y escritas de los personajes: el diálogo.
     7. Los pensamientos de los personajes: la posibilidad de acceder a la mente.
     8. La acción a escena: los personajes en un tiempo y un escenario.
     9. El paso del tiempo: los relojes narrativos.
     10. Una ventana mágica: cómo acceder al interior de la mente.

Personajes inteligentes

Ya he comentado alguna vez que en 2014 leí la trilogía “Príncipe de nada”, de R. Scott Bakker. Es una obra colosal, con todos los ingredientes para convertirse en una saga de referencia en estos buenos tiempos que corren hoy en día para la literatura fantástica.

Una de las características que más me llamó la atención de la obra fue lo creíbles que resultan sus personajes inteligentes. Hay varios que destacan por ello, aunque cada uno es inteligente a su manera, como Anasûrimbor Kellhus, Cnaiür Urs Skiötha, Ikurei Conphas, Ikurei Xerius II o Drusas Achamian. Otros más conocidos en la literatura y la ficción pueden ser el clásico Sherlock Holmes o el enano de “Juego de Tronos” Tyrion Lannister, el vulcano señor Spock, Albus Dumbledore de la saga de Harry Potter o el doctor Langdon de “El código da Vinci”, y me dejo muchísimos más. Los más listos abundan en la ficción, desde luego, y lograr que sean tan creíbles y que lleguen a la profundidad que consigue “Príncipe de nada” será muy positivo para nuestras obras.

El placer de escribir (1-5)

Este mes de agosto he empezado a realizar el curso “El placer de escribir”. Me apetecía mucho y además hacerlo era uno de mis propósitos literarios para 2015.

Es un curso que coleccioné por fascículos hace un tiempo, formado por 60 lecciones. La textura, los dibujos y la presentación de las lecciones está muy cuidada, es sugerente y ayuda mucho a un estudio inmersivo y agradable. Cada fascículo se estructura en tres partes: técnicas narrativas, estilo y creatividad. Además, hay una sección de lecturas y películas o series recomendadas para reforzar los conceptos estudiados. También, como en todo curso, hay deberes, ejercicios sugeridos para afianzar lo aprendido.

¿Y cómo estoy realizando el curso? A mano, como cuando estudiaba en el instituto, con papelería nueva: un cuaderno agradable y bolígrafos bic azul y negro. La sensación de volver a hacer ejercicios al estilo del instituto no tiene precio. Estudiar es genial, sobre todo cuando ya no hay presión de exámenes y es puro ocio. Para cada lección, incluyo en el cuaderno algún esquema o resumen a mano, añado ideas y planteamientos propios y, finalmente, redacto los textos de las actividades propuestas a modo de deberes. Lleva su tiempo, unas dos horas para cada fascículo, pero es así como quería hacer el curso, con implicación; si me conformara con sólo leer los fscículosl, lo habría hecho hace mucho, pero para aprender de verdad necesito el cuaderno, hacer un resumen, o un esquema a mi manera y ponerme con los deberes.

Diluditeca: "Orfeo"

 

Han sido ya varias las ocasiones en las que he hablado en Diludia de “Elige tu propia aventura”. Leí una y otra vez los ejemplares de la serie que iba coleccionando. Recuerdo especial obsesión con “El castillo prohibido”, “El desafío de Robin Hood”, “El reino subterráneo”, “Ovni 54-40” o “Superordenador” y, sobre todo, con “Odisea en el hiperespacio”. Eran libros muy especiales: ser el protagonista y poder tomar decisiones resultaba tremendamente atractivo y diferente de las lecturas habituales. Por aquel entonces (finales de los años 80 y principios de los 90), los librojuegos se circunscribían casi exclusivamente a la literatura infantil y juvenil. Los libros de “Elige tu propia aventura” poseían esa magia que para los niños tienen las cosas que identifican como suyas, aquellas que los mayores ignoran o no entienden. Quizá por eso el vínculo con esta serie era aún más fuerte.

Náufragos

 

     El mundo no ha cambiado.

     En el nuevo amanecer la oscuridad se vio obligada, una vez más, a replegarse ante el avance inexorable del alba. Tímidos rayos crepusculares fueron tiñendo de púrpura toda una pléyade de nubecillas desperdigadas de manera irregular por el cielo, apagando una a una la miríada de estrellas que, durante unas horas, habían iluminado la noche como faros ardientes.

     Abajo, el oleaje del océano acunaba lenta, casi amorosamente, los fragmentados restos de las naves destruidas en el feroz combate acaecido la jornada anterior. Mástiles con restos de aparejos se mezclaban aquí y allá con trozos de velas calcinadas, y numerosos cuerpos flotaban boca abajo, añadiendo una nota lúgubre a la hermosa alborada carmesí.

      Entre las ruinas de la batalla, un hombre dio señales de vida. Tumbado en una plancha de madera, desprendida con toda seguridad de alguna de las naves hundidas, se mantenía de forma precaria sobre ella, enredado en un par de gruesos cabos. Había permanecido allí, inadvertido e inconsciente, durante toda la noche. El guerrero hizo un esfuerzo por abrir los ojos, aturdido aún por el golpe recibido durante el combate. Se llevó una mano a la dolorida cabeza y, en un movimiento casi reflejo, se mojó la cara para terminar de espabilarse. Por desgracia para él, funcionó. Alzó la mirada y contempló el desolado panorama que lo rodeaba. En lontananza, la silueta de una nave parecía despedirse de él mientras se perdía en el horizonte en llamas.

Diluditeca: "Breves notas sobre una eternidad descubierta"

 

Cuando invité a Juan Miguel Lorite a pasarme un texto para la sección de “el cuento del mes”, no sólo aceptó, sino que fue tremendamente generoso y me pasó el fichero digital con el manuscrito de un libro de cuentos cortos que estaba preparando para publicar, “Breves notas sobre una eternidad descubierta. Me recomendó “El premio” como cuento del mes de julio de 2015, y tras leerlo comprobé que además de ser un gran texto planteaba algunos conceptos de total interés para Diludia. Pero, ya que tenía en mi poder aquel archivo, cómo no, aproveché para leer algún cuento más y para recorrer las originales ilustraciones una a una. Cuando me quise dar cuenta, ya había tomado la decisión de comprar un ejemplar: terminaría de leerlo en formato papel.

“Breves notas sobre una eternidad descubierta” estuvo disponible como absoluta novedad en Bubok desde sólo dos o tres días antes de la publicación de “El premio” en Diludia.

Ideas para Lucía (2)

 

A principios de verano de 2014 redacté el planteamiento de un cuento que tenía como protagonista a Lucía, una bombilla de filamento incandescente que se enfrenta a la obsolescencia. El inicio del cuento me pareció que tenía muchas posibilidades, pero pasé un tiempo sin avanzar más. Un poco más tarde, en octubre de 2014, decidí abrir un brain storming en Diludia para buscar “ideas para Lucía”. Escribí un post (que puedes ver aquí) en el que incluí las primeras líneas del cuento y pedí ayuda abiertamente a la comunidad para continuar con la historia.

Hay algo que no hice bien porque no he recibido ideas. Pero por otro lado yo mismo he retomado el asunto en algunas ocasiones y veo varias posibilidades. Incluyo a continuación el inicio del cuento (con letra azul) y paso después a comentar las opciones que estoy considerando.

La Hoja Azul en la jungla

 

Los lectores de Diludia ya sabéis que La Hoja Azul en Blanco, la revista de Verbo Azul, es una de las experiencias literarias  que más disfruto y a las más cariño tengo. Hace poco os hablé del número 19 y ahora mismo estamos preparando el 20. Es una publicación de enorme calidad pero de pequeña tirada. Por eso, para mí, cada ejemplar de La Hoja Azul es verdaderamente valioso.

Tenía en mi poder dos ejemplares en casa de un número anterior, el 18, editado en el invierno entre 2013 y 2014. Se me ocurrían varias personas, amantes de la literatura, a quienes ofrecerles uno de ellos con la seguridad de saber que la revista estaría en buenas manos, sería leída con atención y tendría un lugar apropiado en una estantería bien surtida.

Pero decidí otra cosa.

Seguro que conocéis BookCrossing.

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