El Premio

 

el acto

De pie, con la sensación de poder vaciarse encima en cualquier momento, su cuerpo era una penitencia no revelada de convulsiones arrítmicas. Cómo había podido liarse de aquella manera, pensaba; cómo había llegado a creer que podría engañar a toda aquella gente que ahora le miraba, expectante y deseosa de saborear cada una de esas palabras tantas veces admiradas y que él nunca podría ya recrear.

Desde fuera, se sabía la imagen de lo patético: trémulo, falto de valor, con las manos hechas un nudo en el estómago... se sentía con la falta del espíritu y arrojo que, sin embargo, le habían acompañado con creces esa misma mañana.

Él, que tantas veces había sufrido esa vergüenza tan suya, una vergüenza ajena, observando, con las manos sobre la cara, como otros creían haberse convertido en el centro del mundo cuando recogían sus premios, agradeciendo emocionados sus carreras profesionales y obras a compañeros, amigos, familiares, colaboradores, proveedores y mecenas, amantes, cónyuges y admiradas fuentes y mitos del quehacer de cada uno; él, que tantas veces había sufrido esa vergüenza tan suya presenciando como se alargaba el discurso del premiado mientras, de manera proporcional, aumentaba el deseo de los espectadores por hacer desaparecer de la escena al premiado; él, que lo había dado todo por estar allí para tener la oportunidad de mostrarse distanciado del curso de los acontecimientos, que había ensayado cientos de brevísimas frases para dirimir elegante y altivamente su tiempo de gloria; él, ahora, no iba a estar a la altura.

 

la prensa

MasterChef literario

Este martes es la final de la tercera edición de MasterChef. Confieso que me he enganchado a este talent show. Y no soy presa fácil: he esquivado uno por uno los realities y otros programas similares como Operación Triunfo o Gran Hermano, incluso cuando eran novedad televisiva y no seguirlos suponía quedar fuera de algunas conversaciones entre amigos.

Con MasterChef sólo me he perdido algún episodio y a veces tengo una sensación de, ¿¡pero qué estoy haciendo!? ¡Debería aprovechar estas dos horas para escribir o para descansar en lugar de permanecer como un zombi delante de la caja tonta! Pero me gusta. De vez en cuando, resulta absolutamente delicioso desconectar el cerebro y ser un mero espectador pasivo de un programa así, reconozcámoslo. Otras veces lo dejo conectado y pienso cosas relacionadas con la ficción y la gastronomía: ¿qué cocinarían en un mundo fantástico? ¿tendrían todos esos ingredientes? ¿y qué deberían comer en una novela de ciencia ficción que imagine el año 3.003? Por supuesto, un pensamiento que seguro que muchos de vosotros habéis tenido es que, igual que hay programas dedicados a la cocina, ¿por qué no hacen un talent show sobre escritura?

De nuevo, descubro que la literatura tiene mucho que aprender del mundo audiovisual. Sí, existen concursos literarios igual que también hay concursos en televisión pero, ¿no sería genial un talent show de aspirantes a escritores?

Hipótesis literaria: novelas cada vez más trepidantes

A finales del siglo XV, prácticamente nadie había visto nunca un león en España.

Recuerdo una maravillosa visita guiada hace unos años a la catedral de Sigüenza, en Guadalajara. Recibí una interesante clase de Historia, arte y religión. Uno de los espacios donde más tiempo nos detuvimos fue ante el sepulcro de D. Martín Vázquez de Arce, “El Doncel”, y recuerdo perfectamente el comentario del león.
Por aquella época, a finales del siglo XV, se acostumbraba a colocar en las esculturas de los sepulcros la figura de un perro a los pies del homenajeado como símbolo de la fidelidad. En “El Doncel”, sin embargo, se representa un león. Más que el simbolismo, lo que me llamó la atención fue la explicación sobre su apariencia: en realidad aquel león era como un gato, con más pelo y algo más fiero desde luego, pero no un león como los que vemos en los documentales. El guía nos explicó que no era habitual en la época saber cómo era un león, y probablemente la única referencia que tuvo el escultor fue a través de descripciones. Así puede entenderse que un escultor tan habilidoso, capaz de definir tan bien los rasgos de “El Doncel”, cincelara un león tan poco realista.

Ya sabéis que yo todo lo llevo a la literatura. Si en la escultura del siglo XV representar un león era problemático, ¿lo sería también en un texto? ¡Más aún, quizá! Porque en la escultura el resultado es algo visible, el espectador lo contempla directamente y no necesita imaginarlo. Pero en literatura, cada lector es un escultor, cada lector tiene que visualizar su propio león con su imaginación. Por eso las descripciones en la literatura son tan importantes.

EmprendeLibro

 

Hace tiempo comenté en un post que ser escritor no es un oficio tan solitario como muchas veces puede parecer. Y lo decía principalmente por mi pertenencia a Verbo Azul, mi comunidad de escritores de Alcorcón.

Pero emprender, ¿es solitario?

Mi proceso con la escritura ha sido comenzar a crear ficciones antes incluso de saber escribir, para a continuación dar el paso a leer y redactar cuentos aún de niño, empezar a tomarlo en serio, intentar publicar, presentarme a algún concurso, llegar a la conclusión de que necesitaba formación y apuntarme a talleres de adolescente, para después integrarme en una comunidad de escritores y llegar a montar un blog, este Diludia. Un proceso en el que no he parado de escribir y que por el camino ha tenido de todo: práctica, competición, formación, asociación y difusión de mi actividad.

En eso de emprender, si tengo un camino comparte muchas similitudes con el de escritura, pero está siendo otro muy distinto.

Empecé con la intención de emprender y presentándome a un concurso de ideas en la Universidad. Me clasifiqué y comencé la parte de formación junto con otros compañeros, que debía ayudarnos a transformar la idea en una empresa, pero lo dejé a medias para aceptar una beca en París que también había obtenido en paralelo. Unos años después hice un máster en el que una buena parte de las clases nos animaban a emprender, lo complementé con algunos cursos online sobre la materia y también he llegado a asociarme, esta vez a Alcorcón Emprende.

Aguatierra

 

Me llamo Irene y hace ya dos años que llegué aquí. Al principio no entendía nada; todo era parecido y todo era distinto.

Aún recuerdo aquel día en el que, al salir del trabajo, decidí dar un paseo por el bosquecillo que había a las afueras de mi pueblo. Caminaba distraída, pensando en el futuro, pensando en si encontraría el amor o, ¿por qué no?, si el amor me encontraría a mí.

Lo que encontré fue esa dichosa grieta en el suelo, escondida entre unos matojos y un grupo de grandes rocas de granito. De no ser porque me aparté del camino persiguiendo a una ardilla, como hacía cuando era una niña, no habría tropezado y rodado hasta debajo de aquel árbol. Al ponerme en pie, me golpeé la cabeza con una rama, caí de espaldas y, un segundo después, ya estaba en vuestro mundo.

«¿Está bien? ¿Puede oírnos?». Desperté con una suave caricia. Abrí los ojos y vi a dos hombres que me miraban preocupados.

Por lo visto aquí a ese deporte lo llaman «espeleología», en mi mundo lo llamamos andacuevas, pero el concepto es el mismo. Los dos hombres lo practicaban cuando me encontraron dentro de la gruta. En un principio pensaron que me había adentrado en ella, sola y sin el equipo necesario. Cuando les conté lo que me había ocurrido, pensaron que el golpe me había afectado a la razón.

Me montaron en su «coche» y me llevaron al «hospital». El idioma era prácticamente el mismo, pero desde el primer momento me di cuenta de que ya no estaba en casa. En mi mundo un «coche» es un mueveloz y un «hospital» es un sanadero. No entendía el porqué de esos nombres, me parecían raros y que no tenían ningún sentido.

Pero cuando me quedó claro que todo era distinto fue al entrar en ese «hospital».Nadie creía lo que les contaba, les rogué que me dejasen explicárselo a algún escuchador. Los escuchadores te creen primero y dudan después, y no al revés, como los adultos.

Ficción paramétrica

Vale, reconozco que “ficción paramétrica” es un título tremendamente friki. Algunos estaréis encantados y deseosos de leer de qué va, y otros a punto de abandonar esta página y navegar a otro sitio. ¡Esperad! El concepto es muy interesante y prometo ser ameno.

Empecemos con una explicación simple de qué es la ficción paramétrica. Muy directo: la ficción en la que uno o varios de sus elementos o de sus características, en vez de fijos, son variables o configurables. Mejor con un ejemplo. Imaginad que el cuento de Caperucita Roja pudiera ser Caperucita Verde. Imaginad que el cuento de Caperucita permitiera elegir el color favorito del niño que lo va a leer. Para tu hijo puede ser “Caperucita Amarilla” y para uno de tus sobrinos “Caperucita Azul”. Y, ¿acaso necesitaríamos 12 versiones del mismo cuento para cubrir toda la gama de una caja de Plastidecor? Por supuesto que no, simplemente debemos escribir un cuento donde el color de Caperucita sea un parámetro que podamos elegir. De la misma manera, podríamos generar por ejemplo el cuento de “El flautista de Alcorcón” si utilizamos en lugar de la ciudad de Hamelín un parámetro para indicar la ciudad que queramos.

El Último Refugio en Twine

 

¿Habéis probado ya Twine? Yo sí. ¿Para qué vale? Aunque aún no lo he investigado en profundidad, diría que para escribir hiperficción explorativa con texto y elementos multimedia. Por decirlo de otra manera, hiperficción explorativa es ficción al estilo de “Elige tu propia aventura”, y los elementos multimedia son esos a los que ya estamos tan acostumbrados en Internet de imagen, sonido y vídeo. En definitiva, Twine es una herramienta estupenda para crear historias, que entiende perfectamente lo que es la ficción en la era de Internet.

Desde que volví de la Feria del Libro de Londres tenía ganas de probarlo. Una buena manera de ver qué es Twine capaz de hacer es probando y viendo algunos resultados. He creado una prueba que podéis ver directamente desde un ordenador conectado a Internet a través de este enlace: http://diludia.com/twineries/el_ultimo_refugio.html

Aunque Twine es una herramienta sencillísima, tengo que reconocer que he invertido varias horas en crear ese ejemplo, pero hay que tener en cuenta varios factores. La primera vez que se utiliza algo, se tarda, porque hay que aprender. El primer texto de Word tarda en completarse, porque podemos pasar minutos y minutos navegando por las opciones de los menús hasta encontrar lo que queremos. Igualmente en Twine uno puede gastar más o menos tiempo aprendiendo a utilizarlo mientras crea una historia. Yo me he empeñado en utilizar imágenes y en introducir sonidos, y eso lleva un ratito. Además, no sólo he creado la historia en mi ordenador, sino que la he subido para que esté disponible en Internet para cualquier persona del mundo, y eso añade unos minutos más a la puesta en marcha.

Diluditeca: "Casting exprés"

Luci no encuentra trabajo y a su novio Teo le han rechazado como profesor en un nuevo programa de baile de la televisión. Los problemas económicos y la monotonía del día a día empiezan a hacer mella en su relación.

Así resume la sinopsis oficial de “Casting exprés” lo que ocurre en los primeros segundos de esta obra de teatro. Después, no tarda en aparecer la palabra “pistolas”.

El teatro es para ser visto, desde luego. Pero eso no quita que también sea un placer leerlo. He tenido la suerte de asistir a varias representaciones de la compañía TPC teatro, probablemente a todos sus montajes, y los he disfrutado siempre por partida doble. Primero, porque son un grupo lleno de energía que realiza grandes trabajos en escena. Y segundo, porque es una gozada ver a Alberto y José Luis actuar, mis amigos del barrio, de tantos años, con una trayectoria larguísima en esto de realizar sus propios montajes. ¿Cuánto tiempo hace que empezaron a rodar sus primeros cortometrajes? Ni me acuerdo. Lo hacían todo: guión, grabación, dirección, actuación, sonido, efectos especiales y post producción... Hasta grabarlos en DVD o publicarlos en Internet. Alguna vez les he echado una mano, sobre todo cuando era una afición aún no profesionalizada.

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