Los cuentos del año

Todo blog, por muy personal e intimista que sea, necesita entradas de aire fresco para mantenerse saludable, personas diferentes que comenten y aporten contenido y diversidad. Además de los comentarios de los lectores, que son probablemente la vía más utilizada para conseguir diversidad en la blogosfera, Diludia disfruta de una sección específica para autores invitados: “el cuento del mes”.

Se trata de una sección especial porque, además, son literatura al 100%, ficción directa, que complementan de una forma estupenda el resto de artículos que suelo publicar semanalmente. Este mayo de 2015 se cierra el primer ciclo con “El móvil” de Carlos Maza Gómez que ha sido el cuento número doce, correspondiente al mes número doce: un año completo de cuentos desde que lancé la sección.

El móvil

 

            Allí estaba mi viejo hogar familiar, una casa pequeña de tejado puntiagudo. Me recordaba frente a ella, en el pequeño jardín, jugando a la cuerda con alguna amiga que llegaba hasta allí, un sitio algo apartado del pueblo, en el camino de la montaña. Conchi, mi amiga del alma, cantando mientras yo saltaba la cuerda de un pie y de otro pie, cantando a mi vez, las dos a coro, nuestras voces resonando en las paredes de la casa y el silencio de cada tarde. Ahora miro la casa y podría no reconocerla de vieja y acabada que está, la pintura descascarillada, algunas humedades en las paredes, las puertas rechinantes. Está el vacío y la oscuridad que pude resolver al cabo de unos días, cuando volví a contratar la electricidad. Los años que se agolpan sobre mí, tan mayor como estoy ya, aún me muevo bien, apenas he cumplido los sesenta, nunca creí que volvería aquí para vivir como cuando era pequeña, quién me lo diría hace unos años. Entonces estaba bien casada, mi único hijo trabajando como ahora en Francia, un buen empleo, ganando mucho dinero y a la espera de casarse con su novia asturiana, ahora esperan mucho para casarse, yo también esperé para tenerlo, pasaba de los treinta, en aquella época no era acostumbrado, ahora sí.

¡Diludia cumple un año!

Hoy publico en jueves, me salto encantado la norma de publicar una nueva entrada durante el fin de semana. ¿Por qué? ¡Porque este blog cumple un año online! Sí, el 23 de abril de 2014, coincidiendo con el día del libro, lancé aquel "¡Hola mundo!" y desde entonces no he parado de publicar cada semana.

Diludia está siendo toda una aventura, tanto en la creación del contenido semanal como en la gestión web, la planificación,  etc, estoy aprendiendo mucho con este proyecto, lo estoy disfrutando y espero que también los estéis haciendo vosotros, los lectores. Estoy muy agradecido a todos aquellos que seguís los artículos de Diludia, a los que estáis colaborando tan generosamente con vuestros textos para "el cuento del mes" y a todos los que comentáis las entradas y las compartís en las redes sociales. ¡Gracias de verdad!

Estoy preparando un especial con las principales conclusiones de este año, con la experiencia, las buenas y las malas decisiones. Quiero compartir con todos lo que he aprendido y espero ayudar así a todos los bloggers, literarios o no, que se enfrenten a las mismas cuestiones que yo: ¿cómo afecta a un blog Ley Orgánica de Protección de Datos? ¿qué plataforma es mejor para montar mi página? ¿cómo enfoco los artículos? ¿qué estrategia seguir en las redes sociales? ¿cuánto tiempo de dedicación requiere un blog así?

Permaneced atentos a Diludia, las respuestas a estas y otras preguntas vendrán en breve.

 

 

Historias inconclusas en la feria del libro de Londres

Esta semana el trabajo me ha llevado a la Feria del Libro de Londres. Eso incluye algunas cosas tediosas como pasar horas en aeropuertos, avión, metro con su “mind the gap”, o tirando de una maleta con ruedas. Pero el viaje también incluía cosas buenas, como un espléndido tiempo soleado en la capital inglesa o compartir café y reuniones con socios agradables en un ámbito de sumar tecnología y libros, que para eso habíamos ido a la feria.

Este tipo de viajes a veces dejan unas horas de total libertad, y en esta ocasión me encontré con un par de horas libres de compromisos y reuniones que pude utilizar a mi antojo en la feria. Elegí asistir a una ponencia con un título muy sugerente que podríamos traducir como “historias inconclusas: narrativa interactiva y texto en juegos”. Atractivo, ¿verdad? Lo sorprendente es que la feria de Londres estaba plagada de ponencias del mismo estilo. Esta me atrapó y allí me vi sentado, escuchando a personas totalmente desconocidas para mí pero tan interesantes como el encargado de adaptar los libros de J.K. Rowling a un videojuego.

Hubo tres conceptos geniales que aprendí en este seminario: la interactividad como el elemento diferencial entre la escritura para videojuegos y la escritura tradicional, las grandes oportunidades que tenemos hoy en día de crear juegos interactivos basados en texto y la diferenciación entre las facetas de creador de ficción y redacción que los escritores suelen aunar.

Diluditeca: "Los Cinco y el tesoro de la isla"

 

Recientemente, RBA ha sacado una serie coleccionable con los libros más famosos de la escritora inglesa Enid Blyton. Incluye, por supuesto, la saga de “Los Cinco”. Muchas personas de mi edad, y también más mayores y más jóvenes, habrán leído las aventuras de “Los Cinco” o de “Los Siete Secretos” en el colegio. Para mí, sin embargo, esta ha sido la primera vez que he abierto un libro de esta autora. He empezado por el primer volumen de la colección de RBA y de la saga: “Los Cinco y el tesoro de la isla”.

Seguramente muchos conozcáis estos libros, pero aún así considero necesario ubicarlos rápidamente: se trata de literatura infantil/juvenil, se caracterizan por ser novelas protagonizadas por grupos de niños que viven aventuras y resuelven misterios, y en las que el mundo adulto aparece lo mínimo posible.

Microrrelatos: ventanas a otros mundos

Un microrrelato es, ante todo, ficción. Los microrrelatos no son aforismos, ni greguerías, frescores, refranes, chistes o juegos de palabras sin más. Su ADN es la ficción, su sangre es la misma que corre por un cuento, un relato, una novela o una saga compuesta por decenas de volúmenes. La característica de ser ficción es esencial en este género, más necesaria aún que el propio hecho de ser breve. Para que el microrrelato exista realmente debe haber una historia, una trama, algo que contar. Lo maravilloso es que, en el microrrelato, esta historia que contar la construye principalmente el lector y cada uno puede imaginar su propia versión diferente de todas las demás; incluso un mismo lector puede, por qué no, fabricar varias historias a partir de un microrrelato.

En realidad, esto también ocurre con las novelas más largas. Nunca se cuenta todo, ni siquiera en un texto con un narrador omnisciente incrustado de raíz puede contarse todo, siempre quedan huecos, lugares vacíos que, consciente o inconscientemente, completa el lector a su manera. Por eso la literatura es líquida, se adapta al recipiente que la contiene, se adapta a la imaginación de cada lector.

Un microrrelato plantea, en lugar de una línea argumental, algo más parecido a un punto argumental, y por un punto pueden pasar infinitas líneas. Por eso, a la hora de leerlos, es buena idea tomarse su tiempo, imaginar qué ha sucedido antes y qué puede ocurrir después, completar tranquilamente nuestra propia versión de la historia que nos muestra, de la película a partir de un solo fotograma.

Ponle una campana a tu relato

Me gusta la radio porque es omnidireccional, deja las manos libres y libertad total de movimientos. Además, la radio no condiciona el espacio, ¡cuántos hogares tienen un televisor presidiendo el salón! La escucho de vez en cuando, a ratos muy breves, pero casi todos los días.

El pasado viernes 20 mi rato de radio coincidió con una entrevista a Eliseo Martínez, de la asociación de Campaners de la Catedral de València. Eliseo trasmitió su pasión por las campanas y dejó algunas muestras de lo que es sin duda un gran patrimonio cultural de oficios, comunicación y tradiciones. Existen distintos tipos de toques de campana, repiques, volteos, y un buen número de mensajes diferentes que puede transmitir un campanario a su pueblo. Los toques, dentro de unas pautas, admiten cierta variación que permite al campanero imprimir su personalidad, lo que hace este arte mucho más rico.

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