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Ideas para Lucía (2)

 

A principios de verano de 2014 redacté el planteamiento de un cuento que tenía como protagonista a Lucía, una bombilla de filamento incandescente que se enfrenta a la obsolescencia. El inicio del cuento me pareció que tenía muchas posibilidades, pero pasé un tiempo sin avanzar más. Un poco más tarde, en octubre de 2014, decidí abrir un brain storming en Diludia para buscar “ideas para Lucía”. Escribí un post (que puedes ver aquí) en el que incluí las primeras líneas del cuento y pedí ayuda abiertamente a la comunidad para continuar con la historia.

Hay algo que no hice bien porque no he recibido ideas. Pero por otro lado yo mismo he retomado el asunto en algunas ocasiones y veo varias posibilidades. Incluyo a continuación el inicio del cuento (con letra azul) y paso después a comentar las opciones que estoy considerando.

Ideas para Lucía

Mañana te cambian. Ginebra era una lámpara sofisticada y de diseño, pero nada refinada cuando hablaba. Lucía agitó nerviosa su filamento interno antes de contestar.

—¿Ah, sí? ¿Por qué dices eso?

—Por la caja de bombillas nuevas de bajo consumo que hay encima del aparador. —Ginebra quiso señalar, pero sus formas eran redondas y perfectamente simétricas, como la obra de un alfarero, y sólo pudo hacer un ligero ademán con el cable.

—Sí, ya veo —respondió Lucía—. Bueno, hay que dar paso a las nuevas generaciones, vienen mucho mejor preparadas y son más eficientes, desde luego. Pero, vaya, creía que al menos me dejarían hasta que me fundiera.

—Pues parece que no. ¿Qué piensas hacer?

Lucía sintió vértigo, como si se le aflojara la rosca del casquillo, y quedó callada y pensativa. Estaba triste pero, por otro lado, llevaba muchas horas de funcionamiento y le vendría bien un cambio de aires. Ginebra, al no escuchar respuesta inmediata de la bombilla, continuó hablando.

—Quizá te pongan en la terraza o en el trastero. O a lo mejor te fundes mañana mismo.

Sopa de letras

 

Me encantan los cuentos cortos, esos que se mueven en un margen aproximado de 1 a 5 páginas, o de 300 a 3.000 palabras. Son frescos, ágiles, y se leen en apenas unos minutos. Sin embargo, ¿cuánto tardan en escribirse? Tengo varias decenas de este tipo escritos. Para elaborarlos, algunos me ocuparon unas horas, apenas una tarde, desde la idea al texto definitivo. Otros, la mayoría, han requerido varios días de maduración. Excepcionalmente, pueden requerir más tiempo. Hoy os traigo mi caso extremo particular: un cuento de apenas una hoja, aún inconcluso, y que comencé a escribir nada menos que hace doce años. ¿Me ayudas a terminarlo?

Se titula “sopa de letras”. Comencé a escribirlo en 2002. Compartí la idea con algún compañero escritor de Verbo Azul. Quiero dedicarle este post a especialmente a Ana Garrido, que desde que le comenté por primera vez el concepto me ha preguntado unas cuantas veces eso de “Joseto, ¿has terminado ya la sopa?”. No, no la he terminado. Quiero exponer en este post el texto de “sopa de letras”, explicar lo que me falta para cerrar el cuento e invitaros a proponerme sugerencias para acabar de cocinar esta sopa de letras de una vez.

La idea es muy sencilla: una persona que cocina una sopa de letras (en lugar de fideos), y que misteriosamente el plato forma frases inteligentes con esas letras. Lo más peculiar, es que según el protagonista va comiendo, las letras o palabras restantes se recomponen para formar otra frase con sentido, y así hasta que sólo quedan letras para formar la palabra “FIN” o alguna otra palabra conclusiva.

Actualmente, mi cuento de “sopa de letras”, está como sigue (en cursiva):