ciencia ficción

El futuro próximo

El futuro es el marco temporal por excelencia de la ciencia ficción. No el único, desde luego, pero quizá sí el que más grados de libertad ofrece y donde mejor podemos dejar vía libre a la especulación.

El futuro, lejos de ser un concepto acotado, es tremendamente amplio y todo cabe. Si queremos incluir en nuestro pacto ficcional adelantos verdaderamente asombrosos como la colonización espacial, la terraformación o los viajes interestelares es muy probable que necesitemos ubicar la acción en un futuro muy lejano.

Pero hoy quiero fijarme en el futuro próximo, en el muy próximo. Ese en el que el mundo no ha cambiado mucho y en nuestro día a día no hay naves espaciales ni rayos láser, sino solamente un pequeño matiz de modernidad que va más allá de nuestra realidad actual.

En los últimos meses, he escrito algunos cuentos en esta línea. Por ejemplo, la historia de una persona que llega del trabajo y se pone a hablar con su casa, en la que tiene instalado un sistema de domótica inteligente capaz de entender y procesar el lenguaje natural; o un cuento en el que un chico bebe de un vaso que le informa con un display integrado en el propio vidrio de la cantidad de líquido que contiene, su temperatura y otros parámetros. Son cuentos que surgen con relativa sencillez (la idea, no tanto el texto definitivo). No hay más que leer cualquier noticia tecnológica y jugar a darle una vuelta adicional.

Juguemos, entonces.

El verano y las estrellas

El verano trae muchas cosas buenas además de, por supuesto, las vacaciones. Es una época del año marcada por el calor que invita a dormir la siesta o refugiarse del sol a medio día, y a dar paseos o salir a la terraza de noche. Y mirar al cielo.

Quien más quien menos suele disponer de unos días de vacaciones en verano. Entre los principales destinos sigue estando el rural, el pueblo de los padres o los abuelos, o cualquier otro lugar alejado de ruidos y luces urbanas. Lugares donde la noche es realmente oscura, en los que los urbanitas nos sorprendemos de cuánto es capaz de iluminar una luna llena o de la densa negrura que acompaña la luna nueva. Es una gozada, en las noches más cerradas, mirar a las estrellas. Algo tan cotidianto para muchos resulta sin embargo fascinante para los insectos urbanos como yo. Por eso considero el verano especialmente apropiado para dedicar a las estrellas. Siempre resulta agradable el mareo que produce pensar en las distancias que nos separan de esas bolas de gas, o en su enorme cantidad, más numerosas que todos los granos de arena de una playa. Imaginar qué hay más allá de nuestro planeta es un paso bastante natural, y aterrizamos así en la ciencia ficción. Hace ya dos años hablé en Diludia del concepto de ciencia ficción activa. Entonces hablé del proyecto SETI@home. Desde entonces, he seguido escuchando el firmamento en busca de señales de radio inteligentes. Hoy por hoy, mi principal dispositivo para esta búsqueda no es otro que mi teléfono móvil, con la aplicación de supercomputación distribuida BOINC de la Universidad de Berkeley. Cuando he tenido ocasión, también he seguido algunas noticias científicas.

Diludisfera: confesiones de un escritor

Portada de la web de Miguel Ángel Alonso Pulido, visitada hoy mismo

Miguel Ángel Alonso Pulido es escritor y blogger, es decir, un wlogger en toda regla. Hace unas semanas leí y reseñé su libro La cosmonave perdida, pero ya seguía a este autor desde hacía meses a través de su web.

La de Miguel Ángel es, probablemente, una de las webs de autor autopublicado más efectivas que conozco. Contiene información sobre su obra y su biografía literaria que deja muy claro qué obras ha publicado y dónde comprarlas. Además de estas secciones, que se agradece de verdad que sean tan claras, su web contiene un blog: “Confesiones de un escritor”. Y este blog tiene un valor especial. Miguel Ángel nos cuenta en él con todo detalle cómo está desarrollando su carrera de escritor. Su sinceridad hace que algunos artículos resulten ásperos. Si leemos a Miguel Ángel solo de pasada podemos llevarnos la impresión de que es un obsesionado con el control, la productividad, el número de palabras escritas y las cifras de ventas. Pero, en realidad, lo que tenemos delante es un autor al desnudo, sin edulcorar, muy consciente de su trabajo y que además nos ofrece así, gratis y de sopetón, información valiosísima de su experiencia como escritor autopublicado.

Diluditeca: "La Cosmonave Perdida"

 

 Portada del libro tal cual me la muestra el lector de ePUB

Hoy traigo, por primera vez, ciencia ficción a la Diluditeca. “La Cosmonave Perdida”, de Miguel Ángel Alonso Pulido, cuenta con algunos de los principales ingredientes del género: naves espaciales, armas láser y no solo humanos. Se trata de una novela ágil, construida sobre un mundo de ficción que se intuye muy sólido pero del que no se da más información de la necesaria, y con una excelente gestión de la intriga. El resultado es un libro agradable de leer, adictivo y dos veces bueno, por lo breve.

La novela trata sobre la aparición de una inquietante cosmonave. El motor principal de la trama es precisamente la resolución del misterio y, sin embargo, lo que engancha al lector no es tanto el avance de la trama principal como la continua tensión a la que están sometidos los personajes en cada escena. Se trata de un texto casi cinematográfico, de aventuras y de acción constante que hace de “La Cosmonave Perdida” un libro muy entretenido de leer.

Ciencia ficción activa

¿Somos los únicos seres inteligentes en el Universo? ¿Qué pasaría si encontráramos una civilización fuera de nuestro planeta? Estas preguntas pueden plantearse tanto desde el punto de vista científico como del literario. Hoy día vivimos en una sociedad apasionante que nos permite hacer ciencia ficción activa para buscar respuestas a cuestiones como estas.

La técnica de la hipótesis fantástica cosiste básicamente en crear un cuento o novela en respuesta a la pregunta “¿Qué pasaría si…?” Podemos plantearnos cuestiones de todo tipo: ¿qué pasaría si los árboles hablaran? ¿qué pasaría si los juguetes cobraran vida? ¿qué pasaría si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial? Responder a estas preguntas, abiertas y sugerentes, puede dar lugar a cientos de ficciones. Por supuesto, en ciencia ficción la hipótesis fantástica es de lo más natural: los científicos plantean a diario cientos de preguntas. Podemos intentar resolverlas como escritores, inventando las respuestas mediante fantasía, o como investigadores, encontrando soluciones mediante el método científico.

Pero, ¿cómo conseguir un buen cuento o novela con la técnica de la hipótesis fantástica? Aparte de plantear una pregunta verdaderamente sugerente, es útil vivir la pregunta de la forma lo más real posible, creernos la pregunta  para obtener respuestas fantásticas bien enfocadas. Pongamos un ejemplo: considera la hipótesis “¿qué pasaría si fuera rico?”. Seguro que se te ocurren muchos caminos interesantes a modo de respuesta. Después, compra un décimo de lotería y hazte la misma pregunta. Seguramente encuentres respuestas mucho más concretas y enfocadas que la primera vez.