ficción

¡Ficcionízate!

 

 

Guario era un mago de agua. Tras las Guerras Medias quedó sin poder y, en el último momento, no pudo defender al hijo del rey, que murió en el ataque final. Aunque Guario fue clave para ganar la guerra, el rey enloquecido de dolor lo culpó de la muerte de su heredero. Guario fue desterrado y condenado a vagar por el desierto. Allí su magia no servía y fue dado por muerto. Cuando estaba al límite de sus fuerzas, el destino puso un oasis en su camino. Allí Guario pudo recuperarse. Hizo acopio de fuerzas para atravesar la segunda mitad del desierto y llegar al otro lado del mundo, hasta la orilla del gran océano. Allí Guario recuperó de nuevo todo su poder.

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Ficción paramétrica

Vale, reconozco que “ficción paramétrica” es un título tremendamente friki. Algunos estaréis encantados y deseosos de leer de qué va, y otros a punto de abandonar esta página y navegar a otro sitio. ¡Esperad! El concepto es muy interesante y prometo ser ameno.

Empecemos con una explicación simple de qué es la ficción paramétrica. Muy directo: la ficción en la que uno o varios de sus elementos o de sus características, en vez de fijos, son variables o configurables. Mejor con un ejemplo. Imaginad que el cuento de Caperucita Roja pudiera ser Caperucita Verde. Imaginad que el cuento de Caperucita permitiera elegir el color favorito del niño que lo va a leer. Para tu hijo puede ser “Caperucita Amarilla” y para uno de tus sobrinos “Caperucita Azul”. Y, ¿acaso necesitaríamos 12 versiones del mismo cuento para cubrir toda la gama de una caja de Plastidecor? Por supuesto que no, simplemente debemos escribir un cuento donde el color de Caperucita sea un parámetro que podamos elegir. De la misma manera, podríamos generar por ejemplo el cuento de “El flautista de Alcorcón” si utilizamos en lugar de la ciudad de Hamelín un parámetro para indicar la ciudad que queramos.

El Último Refugio en Twine

 

¿Habéis probado ya Twine? Yo sí. ¿Para qué vale? Aunque aún no lo he investigado en profundidad, diría que para escribir hiperficción explorativa con texto y elementos multimedia. Por decirlo de otra manera, hiperficción explorativa es ficción al estilo de “Elige tu propia aventura”, y los elementos multimedia son esos a los que ya estamos tan acostumbrados en Internet de imagen, sonido y vídeo. En definitiva, Twine es una herramienta estupenda para crear historias, que entiende perfectamente lo que es la ficción en la era de Internet.

Desde que volví de la Feria del Libro de Londres tenía ganas de probarlo. Una buena manera de ver qué es Twine capaz de hacer es probando y viendo algunos resultados. He creado una prueba que podéis ver directamente desde un ordenador conectado a Internet a través de este enlace: http://diludia.com/twineries/el_ultimo_refugio.html

Aunque Twine es una herramienta sencillísima, tengo que reconocer que he invertido varias horas en crear ese ejemplo, pero hay que tener en cuenta varios factores. La primera vez que se utiliza algo, se tarda, porque hay que aprender. El primer texto de Word tarda en completarse, porque podemos pasar minutos y minutos navegando por las opciones de los menús hasta encontrar lo que queremos. Igualmente en Twine uno puede gastar más o menos tiempo aprendiendo a utilizarlo mientras crea una historia. Yo me he empeñado en utilizar imágenes y en introducir sonidos, y eso lleva un ratito. Además, no sólo he creado la historia en mi ordenador, sino que la he subido para que esté disponible en Internet para cualquier persona del mundo, y eso añade unos minutos más a la puesta en marcha.

Historias inconclusas en la feria del libro de Londres

Esta semana el trabajo me ha llevado a la Feria del Libro de Londres. Eso incluye algunas cosas tediosas como pasar horas en aeropuertos, avión, metro con su “mind the gap”, o tirando de una maleta con ruedas. Pero el viaje también incluía cosas buenas, como un espléndido tiempo soleado en la capital inglesa o compartir café y reuniones con socios agradables en un ámbito de sumar tecnología y libros, que para eso habíamos ido a la feria.

Este tipo de viajes a veces dejan unas horas de total libertad, y en esta ocasión me encontré con un par de horas libres de compromisos y reuniones que pude utilizar a mi antojo en la feria. Elegí asistir a una ponencia con un título muy sugerente que podríamos traducir como “historias inconclusas: narrativa interactiva y texto en juegos”. Atractivo, ¿verdad? Lo sorprendente es que la feria de Londres estaba plagada de ponencias del mismo estilo. Esta me atrapó y allí me vi sentado, escuchando a personas totalmente desconocidas para mí pero tan interesantes como el encargado de adaptar los libros de J.K. Rowling a un videojuego.

Hubo tres conceptos geniales que aprendí en este seminario: la interactividad como el elemento diferencial entre la escritura para videojuegos y la escritura tradicional, las grandes oportunidades que tenemos hoy en día de crear juegos interactivos basados en texto y la diferenciación entre las facetas de creador de ficción y redacción que los escritores suelen aunar.

Microrrelatos: ventanas a otros mundos

Un microrrelato es, ante todo, ficción. Los microrrelatos no son aforismos, ni greguerías, frescores, refranes, chistes o juegos de palabras sin más. Su ADN es la ficción, su sangre es la misma que corre por un cuento, un relato, una novela o una saga compuesta por decenas de volúmenes. La característica de ser ficción es esencial en este género, más necesaria aún que el propio hecho de ser breve. Para que el microrrelato exista realmente debe haber una historia, una trama, algo que contar. Lo maravilloso es que, en el microrrelato, esta historia que contar la construye principalmente el lector y cada uno puede imaginar su propia versión diferente de todas las demás; incluso un mismo lector puede, por qué no, fabricar varias historias a partir de un microrrelato.

En realidad, esto también ocurre con las novelas más largas. Nunca se cuenta todo, ni siquiera en un texto con un narrador omnisciente incrustado de raíz puede contarse todo, siempre quedan huecos, lugares vacíos que, consciente o inconscientemente, completa el lector a su manera. Por eso la literatura es líquida, se adapta al recipiente que la contiene, se adapta a la imaginación de cada lector.

Un microrrelato plantea, en lugar de una línea argumental, algo más parecido a un punto argumental, y por un punto pueden pasar infinitas líneas. Por eso, a la hora de leerlos, es buena idea tomarse su tiempo, imaginar qué ha sucedido antes y qué puede ocurrir después, completar tranquilamente nuestra propia versión de la historia que nos muestra, de la película a partir de un solo fotograma.

La espada mellada de Edimburgo

Ha pasado ya mucho tiempo desde la primera vez que fui a Edimburgo y aún recuerdo la espada mellada. Durante mi estancia erasmus en Reino Unido, allá por los años 2004 y 2005, uno de los primeros viajes que realizamos fue precisamente a la capital escocesa. La excursión incluía una visita al castillo. Entonces ignoraba completamente que el Museo Nacional de la Guerra de Escocia se encontraba precisamente allí, así que me topé de lleno e inesperadamente con una estupenda colección de armas y objetos bélicos. La primera espada en la que me fijé atrajo enormemente mi atención. No por su tamaño, ni por su antigüedad, ni por su refinamiento. Hasta entonces, sólo había visto espadas de adorno o en películas, con hojas perfectamente lisas, esbeltas y brillantes. Ahora, por primera vez, me enfrentaba de cerca a una espada vieja, usada.

Mellada.