ficción interactiva

Mis juegos de ordenador

Amstrad CPC-464, imagen tomada de Wikipedia del autor Bill Bertram bajo licencia CC BY-SA 2.5

De niño programaba juegos de ordenador, escritos en el lenguaje BASIC de mi Amstrad CPC-464, una de las máquinas más populares de los 80 y 90. Hice juegos muy variados, incluyendo un simulador de tenis y otro de fútbol, pero también un matamarcianos clásico, uno en el que tu personaje luchaba contra la mafia armado con tan solo un cuchillo, otro de apuestas en carreras de caballos, de rescate tras un naufragio o de una misión en avión. Todo esto parece muy espectacular, pero la realidad no pasaba de mostrar unos efectos de sonido simples, unos gráficos que consistían en poco más que "letras" moviéndose por la pantalla (en realidad, caracteres redefinidos que permitían configurar ciertas formas, pero en un solo color y siempre en pantallas en modo texto, no dominaba el entorno gráfico) y una jugabilidad que dependía más de la imaginación del jugador que de las características reales del juego.

Diluditeca: "Orfeo"

 

Han sido ya varias las ocasiones en las que he hablado en Diludia de “Elige tu propia aventura”. Leí una y otra vez los ejemplares de la serie que iba coleccionando. Recuerdo especial obsesión con “El castillo prohibido”, “El desafío de Robin Hood”, “El reino subterráneo”, “Ovni 54-40” o “Superordenador” y, sobre todo, con “Odisea en el hiperespacio”. Eran libros muy especiales: ser el protagonista y poder tomar decisiones resultaba tremendamente atractivo y diferente de las lecturas habituales. Por aquel entonces (finales de los años 80 y principios de los 90), los librojuegos se circunscribían casi exclusivamente a la literatura infantil y juvenil. Los libros de “Elige tu propia aventura” poseían esa magia que para los niños tienen las cosas que identifican como suyas, aquellas que los mayores ignoran o no entienden. Quizá por eso el vínculo con esta serie era aún más fuerte.