Gianni Rodari

Toolkit de diseño narrativo

Está diciendo ¡ábreme ya!

 

Tenía muchas ganas de probar el toolkit de diseño narrativo que han creado mis amigos de Gamisolution. Lo recibí hace unas semanas, de manos del propio Jacobo, uno de los artífices del invento. La excusa era perfecta para comer juntos, comentar algunos de los pormenores del desarrollo de este producto -del que he sido testigo de excepción- y, por supuesto, desempaquetarlo, abrirlo y curiosear.

 

 Caja de lata, buen tamaño y tacto plastificado. ¡Qué gozada!

 

Se trata de una baraja de naipes. La elección del material del envase, en lata, es todo un acierto. El tamaño generoso de las cartas y su tacto satinado lo hace tremendamente agradable. Pero la verdadera magia está en el contenido, en el uso y en la utilidad de este kit. ¿Para qué vale? ¿Cómo se juega? ¿Qué es eso del diseño narrativo?

Laboratorio literario con árbol

Hojas por dentro y por fuera

 

Hace unos días pasé por casa de mis padres a recoger papeles que aún conservaba allí y que llevaban más de diez años amontonados en carpetas. Documentos y apuntes auxiliares de la carrera, borradores y pruebas de ediciones de Verbo Azul, revistas y periódicos obsoletos, kilos papel escrito o impreso ya inservible que encontró un mejor lugar abajo, en la calle, dentro del contenedor para reciclar. Pero también rescaté algunos tesoros, entre ellos mi laboratorio literario.

Se trata de un cuaderno que me regaló, allá por el 2003, mi amiga Esther. Lo hizo ella misma a mano, con cubiertas de cartulina plastificadas e interior en blanco. Esther sabía que yo lo llenaría con literatura, y lo convertí en mi laboratorio literario. En él redacté algunos borradores e ideas. Mis cuentos de El Molino (finalista en el Ateneo Cultural Primero de Mayo) o Gaspar y Belinda surgieron aquí, sobre las hojas en blanco que Esther ligó con una encuadernación de espiral para mí. También incluye otros embriones que me han sorprendido a mí mismo. Por ejemplo, acabo de descubrir que un cuento que redacté en 2012, y que creía original, en realidad viene de una idea que ya esbocé hasta un buen nivel de detalle en este cuaderno, en 2004. He redescubierto en sus hojas varias propuestas de historias que me encantaría retomar.

 

Pídele un procesador de textos a los Reyes Magos

Los procesadores de textos más utilizados y célebres, como Microsoft Word u OpenOffice Writer, son herramientas tremendamente potentes. Aunque son de propósito general, tienen un foco especial para utilización en oficina.

Llevo años usando Microsoft Word tanto para estudios como en el trabajo. También, por supuesto, para escribir literatura. Es un software con el que me siento muy cómodo, conozco las funcionalidades principales y un buen número de las avanzadas y me permite ponerme a la tarea de escribir casi inmediatamente.

Pero estoy cambiando.

Desde que redacté “Las Aventuras de Kai” en 1999, mi última obra de cierta longitud, he llenado cientos de páginas de literatura, pero todas en proyectos de extensión muy corta. Como sabéis, uno de mis propósitos literarios para 2015 es escribir una novela. La intención ya la tenía desde 2014 y entonces fue cuando me comencé a plantear la utilización de un procesador de textos enfocado a la escritura de novelas. Una pequeña investigación me llevó rápidamente a OpenOffice y su primo hermano LibreOffice, y a otras alternativas como yWriter, Scrivener o incluso LaTeX.