Juan Miguel Lorite

Biblioteca dedicada

 

 

Hay muchas formas de ordenar una librería. Por grupos de libros del mismo tamaño, por temáticas, por autor, orden alfabético, etc. La librería de mi salón tiene varios espacios curiosos. Uno está ocupado por una enciclopedia universal de veinte volúmenes editada a principios de los ochenta, que me acompañó en decenas de trabajos durante el colegio y el instituto y que me traje de casa de mis padres. Una zona de libros para bebés en la parte más baja para que los pueda alcanzar mi hijo. Otra con los ejemplares de mi colección de “Elige tu propia aventura” de la que ya os he hablado y de la que tengo novedades que comentaré en próximas entradas. Una balda recoge la colección de “Los Cinco” de Enid Blyton que han entrado en casa a golpe de kiosco tras su última reedición de RBA. Y otras partes de la librería contienen grupos de libros heterogéneos. Hoy quiero hacer zoom sobre unos libros muy especiales que, hace unos días, decidí colocar juntos.

¿Qué tienen en común?

Diluditeca: "Breves notas sobre una eternidad descubierta"

 

Cuando invité a Juan Miguel Lorite a pasarme un texto para la sección de “el cuento del mes”, no sólo aceptó, sino que fue tremendamente generoso y me pasó el fichero digital con el manuscrito de un libro de cuentos cortos que estaba preparando para publicar, “Breves notas sobre una eternidad descubierta. Me recomendó “El premio” como cuento del mes de julio de 2015, y tras leerlo comprobé que además de ser un gran texto planteaba algunos conceptos de total interés para Diludia. Pero, ya que tenía en mi poder aquel archivo, cómo no, aproveché para leer algún cuento más y para recorrer las originales ilustraciones una a una. Cuando me quise dar cuenta, ya había tomado la decisión de comprar un ejemplar: terminaría de leerlo en formato papel.

“Breves notas sobre una eternidad descubierta” estuvo disponible como absoluta novedad en Bubok desde sólo dos o tres días antes de la publicación de “El premio” en Diludia.

La Hoja Azul en la jungla

 

Los lectores de Diludia ya sabéis que La Hoja Azul en Blanco, la revista de Verbo Azul, es una de las experiencias literarias  que más disfruto y a las más cariño tengo. Hace poco os hablé del número 19 y ahora mismo estamos preparando el 20. Es una publicación de enorme calidad pero de pequeña tirada. Por eso, para mí, cada ejemplar de La Hoja Azul es verdaderamente valioso.

Tenía en mi poder dos ejemplares en casa de un número anterior, el 18, editado en el invierno entre 2013 y 2014. Se me ocurrían varias personas, amantes de la literatura, a quienes ofrecerles uno de ellos con la seguridad de saber que la revista estaría en buenas manos, sería leída con atención y tendría un lugar apropiado en una estantería bien surtida.

Pero decidí otra cosa.

Seguro que conocéis BookCrossing.

El Premio

 

el acto

De pie, con la sensación de poder vaciarse encima en cualquier momento, su cuerpo era una penitencia no revelada de convulsiones arrítmicas. Cómo había podido liarse de aquella manera, pensaba; cómo había llegado a creer que podría engañar a toda aquella gente que ahora le miraba, expectante y deseosa de saborear cada una de esas palabras tantas veces admiradas y que él nunca podría ya recrear.

Desde fuera, se sabía la imagen de lo patético: trémulo, falto de valor, con las manos hechas un nudo en el estómago... se sentía con la falta del espíritu y arrojo que, sin embargo, le habían acompañado con creces esa misma mañana.

Él, que tantas veces había sufrido esa vergüenza tan suya, una vergüenza ajena, observando, con las manos sobre la cara, como otros creían haberse convertido en el centro del mundo cuando recogían sus premios, agradeciendo emocionados sus carreras profesionales y obras a compañeros, amigos, familiares, colaboradores, proveedores y mecenas, amantes, cónyuges y admiradas fuentes y mitos del quehacer de cada uno; él, que tantas veces había sufrido esa vergüenza tan suya presenciando como se alargaba el discurso del premiado mientras, de manera proporcional, aumentaba el deseo de los espectadores por hacer desaparecer de la escena al premiado; él, que lo había dado todo por estar allí para tener la oportunidad de mostrarse distanciado del curso de los acontecimientos, que había ensayado cientos de brevísimas frases para dirimir elegante y altivamente su tiempo de gloria; él, ahora, no iba a estar a la altura.

 

la prensa