julio

De acampada creativa

La banda de metal finlandesa Nightwish nació en 1996 durante una noche de acampada. Este tipo de noches al aire libre, rodeado de naturaleza y oscuridad, invitan también a compartir viejas historias, leyendas o cuentos de todo tipo. ¿Qué mejor escenario que la noche, las estrellas y el cri-cri de unos grillos para sumergirse en la fantasía?

Este mes de julio estoy de acampada. Una acampada creativa y dedicada precisamente a la literatura: el Camp Nanowrimo. Por supuesto, es una acampada virtual que ocurre en internet, una especie de retiro para escribir, aunque sea un retiro efímero de solo unos minutos al día. En el Camp Nanowrimo, uno se aísla de la realidad cotidiana junto con unos compañeros de acampada también escritores. Así, incluso una tarea solitaria como sacar adelante novelas o cuentos adquiere una componente social muy agradable.

El Premio

 

el acto

De pie, con la sensación de poder vaciarse encima en cualquier momento, su cuerpo era una penitencia no revelada de convulsiones arrítmicas. Cómo había podido liarse de aquella manera, pensaba; cómo había llegado a creer que podría engañar a toda aquella gente que ahora le miraba, expectante y deseosa de saborear cada una de esas palabras tantas veces admiradas y que él nunca podría ya recrear.

Desde fuera, se sabía la imagen de lo patético: trémulo, falto de valor, con las manos hechas un nudo en el estómago... se sentía con la falta del espíritu y arrojo que, sin embargo, le habían acompañado con creces esa misma mañana.

Él, que tantas veces había sufrido esa vergüenza tan suya, una vergüenza ajena, observando, con las manos sobre la cara, como otros creían haberse convertido en el centro del mundo cuando recogían sus premios, agradeciendo emocionados sus carreras profesionales y obras a compañeros, amigos, familiares, colaboradores, proveedores y mecenas, amantes, cónyuges y admiradas fuentes y mitos del quehacer de cada uno; él, que tantas veces había sufrido esa vergüenza tan suya presenciando como se alargaba el discurso del premiado mientras, de manera proporcional, aumentaba el deseo de los espectadores por hacer desaparecer de la escena al premiado; él, que lo había dado todo por estar allí para tener la oportunidad de mostrarse distanciado del curso de los acontecimientos, que había ensayado cientos de brevísimas frases para dirimir elegante y altivamente su tiempo de gloria; él, ahora, no iba a estar a la altura.

 

la prensa

La niña de cabellos dorados

 

La niña de cabellos dorados miraba hacia el mar desde la orilla. Llevaba un bañador blanco y su piel estaba ligeramente tostada. La madre la observaba  sentada desde la toalla y en ese momento pensó que lo había conseguido; que había triunfado en la vida. Mucho más de lo que esperaba cuando era más joven.

Editora jefe en un prestigioso periódico, propietaria  de un dúplex precioso que era la envidia de sus amigos, mujer de un hombre que siempre estaba de excelente humor y que disponía de una red de contactos y amigos selecta. Pero lo mejor sin duda , era que la vida le había otorgado la suerte de ser la madre de aquel tesoro que a pocos metros correteaba  y bailaba  las olas en la orilla.

Durante el embarazo tenía pesadillas. Soñaba con fetos malformados y monstruosos y por el día le quedaba siempre una sensación de incertidumbre y mal presagio.  Fue una mala época de lloros reprimidos en el baño de la redacción, sonrisas fingidas, y muchas ojeras y tensión. Pero cuando Silvia nació,  todo mejoró. Poco a poco el bebé dio muestras de dulzura y belleza. Era como un melocotón maduro, siempre dulce. La curvatura de sus grandes ojos azules, la sonrisa pícara y su prematura inteligencia atraían y maravillaban a propios y extraños. Allá donde estuviera, había besos, caricias y abrazos para ella.

Ya tenía cinco años y en el colegio era una niña querida por sus compañeros y profesores. La verdad es que con Silvia, la tarea de ser madre era algo muy fácil. No tenía nada que ver con las historias terroríficas que a veces le contaban sus amigas y las otras madres del colegio.

Silvia era obediente y muy raras veces se desvelaba por las noches aunque últimamente sí que  había tenido algún terror nocturno. Serían los nervios de final de curso unido al cambio de residencia por vacaciones.