personajes

Peluqueros y taxistas

 

Una chica de un pueblo de Ciudad Real decide venir a vivir a Madrid. A su familia no le parece bien, pero ella sabe que en el pueblo sólo tiene dos opciones: seguir viviendo con sus padres o casarse. En la capital, sin embargo, le esperan otras opciones.

Un chófer tiene el encargo habitual de llevar a ciertos empresarios al estadio Santiago Bernabéu. Se dirigen a palcos privados en los que cerrarán algunos negocios. Además de ver un partido del Real Madrid en el estadio, serán agasajados con otros lujos, y también con prostitutas en un hotel de cinco estrellas. –Todos firman –piensa el chófer–, todos los que aceptan las prostitutas luego firman.

En las películas no impresionan, pero en la realidad uno se queda paralizado, sin saber que hacer, sin atreverse a tocarla ni siquiera. Una pistola. Ahí, olvidada quizá. ¿De quién sería?¿Por qué aquél objeto se había cruzado en mi camino?

Debería haber estudiado. Sus padres, tras interminables años de sacrificios, podían permitirse pagarle los estudios. Pero sin embargo él lo dejó todo por venir a España.

Felisa regentaba un bar en Madrid, sede de una de las principales peñas atléticas que de vez en cuando recibía la visita de un jugador. De joven, mucho antes de que aparecieran las primeras canas, trabajó en un hotel haciendo camas y limpiando habitaciones. Un buen hotel, sí, cerca de Las Ventas y en el que se solían alojar los toreros más famosos. ¿Que me quede con unos? Los futbolistas de hoy. Sin ninguna duda. Los jugadores siempre tienen un detalle para los peñistas, y también para los que estamos detrás de la barra. Los toreros de entonces ni siquiera te miraban a la cara.

El placer de escribir (6-10)

 

Durante esta segunda mitad del mes de agosto de 2015, he podido continuar con el curso de escritura creativa “El placer de escribir”. En esta segunda entrada sobre este tema, os traigo comentarios de las lecciones 6 a 10. Lo primero, confesar que me divierte, estoy disfrutándolo cada vez más. Y creo que la principal razón de disfrutar un curso así es... algo tan sencillo como escribir a la vez. He creado algún cuento recientemente, estoy generando ideas nuevas y diseñando una novela que se encuentra en fase previa a la escritura como tal: creación de personajes, escenarios, etc. Todo esto es material propio sobre el que aplicar directamente las lecciones del curso, sobre el que toma sentido lo aprendido, y hace que estudiarlo sea divertido.

¿Qué lecciones han sido esas? Pues unas bastante cerebrales en diferentes sentidos. A continuación la lista:
     6. Voces orales y escritas de los personajes: el diálogo.
     7. Los pensamientos de los personajes: la posibilidad de acceder a la mente.
     8. La acción a escena: los personajes en un tiempo y un escenario.
     9. El paso del tiempo: los relojes narrativos.
     10. Una ventana mágica: cómo acceder al interior de la mente.

Personajes inteligentes

Ya he comentado alguna vez que en 2014 leí la trilogía “Príncipe de nada”, de R. Scott Bakker. Es una obra colosal, con todos los ingredientes para convertirse en una saga de referencia en estos buenos tiempos que corren hoy en día para la literatura fantástica.

Una de las características que más me llamó la atención de la obra fue lo creíbles que resultan sus personajes inteligentes. Hay varios que destacan por ello, aunque cada uno es inteligente a su manera, como Anasûrimbor Kellhus, Cnaiür Urs Skiötha, Ikurei Conphas, Ikurei Xerius II o Drusas Achamian. Otros más conocidos en la literatura y la ficción pueden ser el clásico Sherlock Holmes o el enano de “Juego de Tronos” Tyrion Lannister, el vulcano señor Spock, Albus Dumbledore de la saga de Harry Potter o el doctor Langdon de “El código da Vinci”, y me dejo muchísimos más. Los más listos abundan en la ficción, desde luego, y lograr que sean tan creíbles y que lleguen a la profundidad que consigue “Príncipe de nada” será muy positivo para nuestras obras.

Personajes trascendentales

 

Según el tipo de texto en el que estemos trabajando, necesitaremos profundizar más o menos en los personajes. Una novela de espada y brujería probablemente tenga suficiente con un protagonista esbozado en pocos trazos, lo justo para colocarle un arma y enfrentarle a las aventuras. Un cuento al estilo clásico puede recurrir a la cultura de los lectores e invocar a los personajes predefinidos en la conciencia colectiva: con decir “lobo”, “príncipe” o “niño de padres pobres” puede ser suficiente. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, querremos personajes muy elaborados y necesitaremos dotarlos de contexto social, familia, amigos, ambiciones, motivaciones, secretos, manías, personalidad y tantos detalles como sea posible. Sobre todo, para que la trama funcione y podamos crear intriga, debemos proponer conflictos para nuestros personajes. Las barreras para alcanzar un objetivo, las tomas de decisiones difíciles, las contradicciones, etc, son ejemplo de buenas fórmulas para crear conflictos.

Podemos tener un protagonista homosexual obligado a esconder su condición en una sociedad intransigente. Un héroe expuesto a una tentación y obligado a decidir entre el camino recto o el atractivo. Un parado forzado por las circunstancias a entrar en la ilegalidad. Un visionario que es consciente de un peligro que amenaza a la humanidad pero que le toman por loco y encuentra todo tipo de dificultades en su tarea de evitar la catástrofe. Una persona con una vida perfecta pero que cometió un error en su juventud y súbitamente debe enfrentarse a sus consecuencias.

En definitiva, se nos pueden (¡y deben!) ocurrir muchos problemas, numerosas opciones que actúen como motores de la trama.

Hipótesis literaria: la capacidad de asimilación de personajes

En Caperucita Roja encontramos tan sólo 5 personajes: el lobo, la abuelita, la madre, el cazador y la propia Caperucita. La saga de Harry Potter, sin embargo, cuenta con más de 600, algunos de ellos definidos con extrema profundidad. Con estas magnitudes, la complejidad es un factor a tener en cuenta. ¿Cómo se enfrenta un lector a un mundo con cientos de personajes? ¿Cómo debe plantearlo un escritor?

¿Qué le doy de comer a mi personaje?

 

Sí, los personajes de ficción también comen.  No sólo realizan hazañas, se enamoran o corren aventuras. También comen, beben, duermen y todo lo demás, igual que las personas normales. Parece obvio, pero en mis textos de niño y adolescente no lo tenía en cuenta. Tampoco es algo que haya aprendido de forma paulatina con lecturas y experiencia, sino que lo descubrí de repente y de la mano de una escritora. En esta entrada os quiero contar primero cómo me enteré de que los personajes de ficción también comen, para desarrollar después algunas ideas sobre el asunto.

Un casting en el metro

 

¿Necesitas personajes para tu cuento o novela? Puedes, por supuesto, crearlos de cero... o tomar la alternativa proactiva y muy divertida de salir a buscarlos. Uno de mis lugares favoritos para buscar personajes es el transporte público.  Si estamos condenados a desplazarnos a diario al trabajo, una buena forma de aprovechar el tiempo del viaje es realizar nuestro propio casting en el metro. ¿Te animas? Yo he utilizado esta técnica realmente para mis escritos, con algunos buenos resultados. Veamos cómo.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que un escritor está siempre trabajando en sus cuentos y novelas. La escritura no se restringe a momentos de inspiración ni se confina en un despacho o escritorio, sino que transcurre continuamente dentro de nuestra cabeza, se agita incluso durante los momentos más anodinos de nuestra vida cotidiana. Un escritor busca tramas, personajes, escenas, metáforas, diálogos y elementos válidos para sus textos mientras pasea, trabaja, cocina, mira la televisión, barre, hace deporte, friega los platos, cambia un pañal o viaja en metro.