Verbo Azul

Diluditeca: "Mujeres"

 

En la presentación de Mujeres, muy bien acompañado

En la Diluditeca he comentado novelas y libros de todo tipo: recopilatorios de cuentos, teatro, infantil, ciencia ficción, fantasía, literatura medieval y hasta ficción interactiva. Hoy, por primera vez, traigo poesía.
Se trata de Mujeres, un libro de Juan José Alcolea publicado por la editorial Lastura en su colección Alcalima, especializada en poesía.

Aunque es la primera vez que traigo una obra en verso a la Diluditeca, no es la primera vez que traigo a su autor a Diludia. A finales de 2014 Juanjo me prestó un texto, “La princesa”, para la sección de “El cuento del mes”.

¿Cuántas hojas caen en otoño?

¿Cuántas hojas caen en otoño? Este año, exactamente veinte.

El pasado miércoles 25 de noviembre presentamos el número 20 de La Hoja Azul en Blanco, la revista literaria de Verbo Azul. Ya sabéis lo importante que es esta revista para mí, y un número tan redondo hace que sea aún más especial.

Celebramos el acto en el teatro del Centro Cultrual Viñagrande de Alcorcón, el mismo escenario en el que presentamos el anterior número, La Hoja 19, el pasado 15 de enero. Me senté exactamente en la misma butaca que entonces. No sé por qué esa extraña fidelidad a una butaca, pero me parecía el mejor sitio para disfrutar del recital, de los cuentos, poemas y canciones de mis amigos de Verbo Azul.

Biblioteca dedicada

 

 

Hay muchas formas de ordenar una librería. Por grupos de libros del mismo tamaño, por temáticas, por autor, orden alfabético, etc. La librería de mi salón tiene varios espacios curiosos. Uno está ocupado por una enciclopedia universal de veinte volúmenes editada a principios de los ochenta, que me acompañó en decenas de trabajos durante el colegio y el instituto y que me traje de casa de mis padres. Una zona de libros para bebés en la parte más baja para que los pueda alcanzar mi hijo. Otra con los ejemplares de mi colección de “Elige tu propia aventura” de la que ya os he hablado y de la que tengo novedades que comentaré en próximas entradas. Una balda recoge la colección de “Los Cinco” de Enid Blyton que han entrado en casa a golpe de kiosco tras su última reedición de RBA. Y otras partes de la librería contienen grupos de libros heterogéneos. Hoy quiero hacer zoom sobre unos libros muy especiales que, hace unos días, decidí colocar juntos.

¿Qué tienen en común?

La Hoja Azul en la jungla

 

Los lectores de Diludia ya sabéis que La Hoja Azul en Blanco, la revista de Verbo Azul, es una de las experiencias literarias  que más disfruto y a las más cariño tengo. Hace poco os hablé del número 19 y ahora mismo estamos preparando el 20. Es una publicación de enorme calidad pero de pequeña tirada. Por eso, para mí, cada ejemplar de La Hoja Azul es verdaderamente valioso.

Tenía en mi poder dos ejemplares en casa de un número anterior, el 18, editado en el invierno entre 2013 y 2014. Se me ocurrían varias personas, amantes de la literatura, a quienes ofrecerles uno de ellos con la seguridad de saber que la revista estaría en buenas manos, sería leída con atención y tendría un lugar apropiado en una estantería bien surtida.

Pero decidí otra cosa.

Seguro que conocéis BookCrossing.

EmprendeLibro

 

Hace tiempo comenté en un post que ser escritor no es un oficio tan solitario como muchas veces puede parecer. Y lo decía principalmente por mi pertenencia a Verbo Azul, mi comunidad de escritores de Alcorcón.

Pero emprender, ¿es solitario?

Mi proceso con la escritura ha sido comenzar a crear ficciones antes incluso de saber escribir, para a continuación dar el paso a leer y redactar cuentos aún de niño, empezar a tomarlo en serio, intentar publicar, presentarme a algún concurso, llegar a la conclusión de que necesitaba formación y apuntarme a talleres de adolescente, para después integrarme en una comunidad de escritores y llegar a montar un blog, este Diludia. Un proceso en el que no he parado de escribir y que por el camino ha tenido de todo: práctica, competición, formación, asociación y difusión de mi actividad.

En eso de emprender, si tengo un camino comparte muchas similitudes con el de escritura, pero está siendo otro muy distinto.

Empecé con la intención de emprender y presentándome a un concurso de ideas en la Universidad. Me clasifiqué y comencé la parte de formación junto con otros compañeros, que debía ayudarnos a transformar la idea en una empresa, pero lo dejé a medias para aceptar una beca en París que también había obtenido en paralelo. Unos años después hice un máster en el que una buena parte de las clases nos animaban a emprender, lo complementé con algunos cursos online sobre la materia y también he llegado a asociarme, esta vez a Alcorcón Emprende.

Disfrutando de La Hoja Azul en Blanco

Estoy disfrutando del número 19 de La Hoja Azul en Blanco, la revista literaria de Verbo Azul.

En realidad, es una publicación que siempre disfruto de varias maneras. Una es el directo. El pasado jueves 15 de enero asistí a la presentación de la revista que organizamos en el Centro Cívico Viñagrande de Alcorcón. Literatura en vivo. Es todo un lujo oír la poesía y la prosa impresa en la revista en las voces de los propios compañeros y colaboradores de Verbo Azul. La revista es mucho más que papel, es carne y hueso, es palabra en toda su extensión. Hace ya tiempo que los recitales de Verbo Azul son, además de literatura orientada al lector, un estupendo directo orientado al público, con un formato muy adecuado en el número y duración de las lecturas, intercaladas con magia de guitarra y de canciones. Sí, me encantó la presentación de La Hoja Azul de la semana pasada. Aún guardo inercia de algunas sensaciones: piel de gallina en una de las canciones que interpretó Ana Bella, emoción al recordar a Consuelo, la que fue mi profesora de literatura tantos años, o la paz como de hogar al escuchar recitar a las voces de los compañeros que llevo tantos años oyendo.

Un oficio no tan solitario

 

El pasado 30 de octubre viví una estupenda tarde poética en la sede de Verbo Azul, en el castillo pequeño de Valderas en Alcorcón. Hace ya unos años que realizo mi actividad en esta asociación de escritores principalmente a través de internet. También asisto en la medida de lo posible a recitales, presentaciones de libros y otros eventos que realizamos o en los que participamos. Pero hacía mucho que no me dejaba caer por nuestra sede principal, ese espacio dentro del centro cultural que alberga tertulias, proyectos y el día a día de Verbo Azul, su pulso. La excusa era la de realizar unas grabaciones para el segundo especial de poesía de “A voz en cuento”, el blog de José Jesús García Rueda donde podréis encontrar magnífica literatura para escuchar, no en formato texto, sino en podcast.

Planteamos esta colaboración en verano y poco a poco la hemos desarrollado como se hacen estas cosas, juntando trocitos de tiempo libre, con mucho cariño y con un buen número de correos electrónicos enviados y recibidos. El resultado es estupendo y no puedo dejar de recomendar visitar el enlace.

La zona de confort literaria

Nuestra zona de confort es el conjunto de comportamientos y actividades a las que estamos habituados. Por un lado nos hacen sentir seguros, pero por otro lado nos acomodan y lastran. También los escritores creamos nuestras zonas de confort literarias, y es posible que ocurra sin darnos cuenta. ¿Cómo saber si me pasa a mí? ¿Qué es esta zona de confort en literatura? ¿Puedo salir?

Hace tiempo me pasaron un enlace a un vídeo en YouTube que explicaba de una forma muy original el concepto de zona de confort. Lo comparto aquí y desde luego recomiendo verlo, incluso antes de seguir leyendo este artículo. 

En realidad, el vídeo habla de tres zonas psicológicas: confort, aprendizaje y pánico. La zona de confort incluye todas esas actividades rutinarias, agradables o no, que realizamos habitualmente y nos hacen sentir seguros porque las controlamos perfectamente: madrugar, trabajar, ver la tele... La zona de aprendizaje está formada por el conjunto de actividades que hacen que ampliemos nuestras miras: aprender idiomas, tratar con gente nueva, etc. Por último la zona de pánico es aquella donde reina lo desconocido y normalmente tememos aventurarnos en ella, pero también es donde pueden ocurrir cosas muy buenas o mágicas. Por ejemplo, emprender, cambiar de sector profesional o mudarse de ciudad pueden ser ejemplos de actividades que suelen caer en la zona de pánico.

Writing-of

En el mundo del cine son habituales los making-of, documentales que muestran lo que ocurre tras las cámaras y describen cómo se hizo una determinada película. El concepto aplica también a las series de televisión. Sin embargo, no es algo que se use en absoluto para literatura. ¿Por qué no iba a tener una novela su propio documental acerca de cómo se hizo? Propongo en este post acuñar y popularizar el concepto de writing-of para novelas, análogo al making-of de las películas.

En 2001 publiqué mi primera obra con la asociación literaria Verbo Azul, en la colección llamada "Cuadernillos de Alcorcón". Se trataba de un relato corto, "Linda Pituitaria", que contenía, además del cuento en sí mismo, una sección adicional que llamé "desnudando a Linda". En esta sección expliqué, con todo detalle, el proceso de creación del cuento. Aquel cuadernillo me valió un premio a la creatividad y, sobre todo, la satisfacción de haber publicado algo original, de haber creado de manera absolutamente consciente una obra que incluía un relato y su correspondiente cómo se hizo.

"Desnudando a Linda" era un texto incluso más largo que el propio cuento de "Linda Pituitaria": alrededor de mil cuatrocientas palabras de documental frente a unas mil de cuento principal. Pero no me importó en absoluto este desequilibrio porque estaba convencido de que el anexo innovador era verdaderamente interesante para el lector. La sección "Desnudando a Linda" comenzaba así: